Aunque la mayoría de los que leéis este blog ya conocéis el proyecto, os dejo con el capítulo 15 de la micronovela conjunta
"Cienmanos" que me ha tocado a mí escribir. La ilustración que acompaña al texto es de
Isabel Garmon.
La Procesión de la Buena Muerte
Paula tomó las manos de Sebastián y comenzó a acariciarlas tímidamente, apenas le conocía pero no soportaba verlo llorar. En ese momento comprendió que los brebajes, las cuartillas y los saltos en el tiempo carecían de importancia; cada vez tenía más claros cuáles eran sus sentimientos y había llegado el momento de mostrarlos. Pensó un instante en Bruno y supo que él lo entendería. Se aproximó hasta Sebastián y con una mezcla de miedo y ternura lo besó. Al principio él no reaccionó, pero después hizo suyo ese beso y durante los siguientes minutos la única química que hubo en aquel café fue la que surgió entre ellos.
Terminados los besos y las caricias pagaron la cuenta y salieron a la calle. Nada había cambiado allí fuera: los soportales de la plaza, el Ayuntamiento, el conde Ansúrez… todo seguía igual, pero Paula notaba un encanto especial, que nunca antes había percibido, en todo lo que les rodeaba. Cogidos de la mano tomaron la calle de Santiago y se encaminaron, en silencio, hacia la casa de Emilio; ya habría tiempo para otros asuntos más íntimos. Sin embargo no iban solos, tras sus pasos se fue formando una pequeña procesión. A muy pocos metros caminaban dos hombres enfundados en unas largas gabardinas negras y algo más atrás una sombra encorvada, apoyada en un bastón, trataba de no perder el paso. Cuando Paula y Sebastián llegaron a la altura del cruce con la calle Atrio de Santiago los hombres de las gabardinas les abordaron. Apenas hubo tiempo para la sorpresa. Primero unos gritos ahogados y segundos después dos disparos, terminaron con la tranquilidad de aquella noche fría de noviembre.
Ilustración de Isabel Garmon
Texto de Miguel Ángel Molina