sábado, 24 de julio de 2021

Lo que aquel verano me dejó

 Esta es mi segunda aportación al concurso de Zenda #elveranodemivida


LO QUE AQUEL VERANO ME DEJÓ


Tras muchas noches de nervios, apuntes subrayados a colores, cafés y tilas, conseguí sacar con nota la Selectividad y acceder a la carrera con la que siempre había soñado. A la semana siguiente mis padres me acompañaron a la estación de autobuses; tanto esfuerzo debía tener una recompensa y preferí tomar diez días de vacaciones en la costa antes que aceptar como regalo la moto de quinta mano del tío Guillermo.

Después de ocho horas, aguantando las infinitas historias de la mili en el Sáhara de un anciano tartaja, llegamos al destino. Al haber hecho tarde la reserva el único alojamiento que había podido conseguir no estaba cerca de la playa, pero eso no me impediría disfrutar del mejor verano de mi vida. Me lo había ganado. Mi objetivo para estos días se limitaba a  tomar el sol, bailar, comer, beber y conocer a gente con la que pudiera divertirme.

El azar quiso que a pocos pasos del apartamento hubiera un bar con terraza así que, antes de deshacer las maletas, bajé a picar un poco para no acostarme con el estómago vacío. Con un pincho de tortilla y una cerveza tendría suficiente para ir a dormir. No sé si habría algo raro en la tortilla, o en la bebida, pero de repente todo empezó a revolucionarse. Tras la primera cerveza cayeron otras cuantas más y, a continuación, como si protagonizara una película a cámara rápida, los chupitos, las caladas de maría, los abrazos a la clientela, el karaoke, los botes al ritmo de canciones españolas de los ochenta y las carantoñas con el camarero más guapo del local.

Me encapriché de él al instante y en ese momento habría cambiado la facultad de medicina que me esperaba en Madrid por viajar a donde él quisiese en la caravana que tenía aparcada en la puerta. Cuando el bar echó el cierre, fuimos a la playa y nos besamos. Tras ese primer beso comencé a vomitar toda la juerga acumulada y le dije que era mejor que me llevara de vuelta al apartamento. En ese momento sus ojos se transformaron y ese simulacro de película que estaba viviendo comenzó a avanzar muy despacio. Él empezó a insultarme entre gritos; después, por sorpresa, me golpeó en la cara y en el estómago. A continuación, puso su mano en mi boca y su rodilla en mi tripa. Me desmayé. No sé cuánto tiempo perdí el conocimiento, solo recuerdo que me despertaron los gritos de una pareja que paseaba por allí. Luego escuché la voz dulce de una policía, las sirenas de la ambulancia y las palabras de ánimo del personal sanitario.

Sé que a él lo detuvieron y que años después quiso saber de ti, pero siempre me negué. Hasta ahora nunca te había contado nada, pero creo que es el momento de que lo sepas. Cariño, ya tienes edad de viajar con tus amigas y no te voy a impedir que lo hagas. Eso sí, por favor, ten mucho cuidado.

viernes, 23 de julio de 2021

Adiós al verano

Con "Adiós al verano" participo en #elveranodemivida el nuevo concurso de relatos de Zenda. 


ADIÓS AL VERANO

Ese año, según avanzaba la primavera, los habitantes de aquel pequeño pueblo costero comenzaron a tapar su playa con una lona gigante. Después, cuando consiguieron que no se apreciara un solo grano de arena, fueron sustituyendo toallas por mantas, gorras deportivas por sombreros de paja, chanclas por abarcas, bañadores por gabanes y sombrillas por paraguas. Convirtieron los chiringuitos en pajares y en las tiendas de regalos ya solo se vendían aperos de labranza. Para amortiguar el calor idearon un sistema que, colocado sobre la fachada de las casas, reflejaba los rayos solares y conseguía que la temperatura ambiente no pasase de los veinte grados. Todo esto hizo que ese lugar más que una ciudad de vacaciones, como anunciaban las guías de viajes, empezara a asemejarse a una aldea mortecina. Así, los turistas fueron desapareciendo y allí solo quedaron los lugareños. Con menos dinero, y sin la posibilidad de conocer otras culturas, pero felices por disfrutar del mejor verano de sus vidas. 

 

 

 


viernes, 25 de junio de 2021

Charles-Henri Sanson

 


Charles-Henri Sanson

Su abuelo le enseñó cómo desollar a navaja, sin derramar una gota de sangre, los conejos que cazaban. De su madre aprendió a usar con destreza el cuchillo y de su padre los trucos para talar árboles de forma rápida y segura. Podría haberse ganado la vida como carnicero, sastre, peluquero o espadachín, pero sus ansias de gloria eran aún mayores. Su sueño era codearse con lo más granado del reino. Y así, corte a corte, tajo a tajo, fue escalando posiciones hasta conseguir el objetivo. Ahora, cada mañana es aclamado por los parisinos al verlo llegar a la plaza de la Revolución. Allí, entre redobles de tambor y vítores, se afana en pasar a la historia como el mejor guillotinador de Francia.


Con esta historia participo en el concurso #SueñosdeGloria, organizado por Zenda. 

jueves, 24 de junio de 2021

Él último tren

 


EL ÚLTIMO TREN

(con esta historia participo en el concurso de Zenda 

#SueñosdeGloria)

 

La casualidad quiso que Margarita y Timoteo nacieran el mismo día. Como eran los únicos niños de aquel rincón perdido, y sus casas estaban puerta con puerta, crecieron juntos. Vivían en un lugar en el que, aparte de la cebada y el trigo que se cultivaba en los campos, todo lo demás era gris y sombrío. Sus habitantes, que solo conocían el trabajar de sol a sol, habrían sido los figurantes perfectos para una de esas películas en blanco y negro que algún familiar decía haber visto en la capital.

Lo único destacable en sus vidas era el tren que atravesaba una de las vegas del pueblo. Al crecer, esos raíles de hierro comenzaron a ser el único resquicio del que disponían Margarita y Timoteo para soñar con una vida mejor. Aun así, seguir la senda de aquellas vías interminables era demasiado aburrido para su edad y se conformaban con cualquier cosa, sin importarles si eran juegos de chicas o de chicos.

Al llegar a la adolescencia se hicieron novios y pocos años más tarde se casaron. En esa época aún no se conocía lo de los viajes de novios, así que tras la boda continuaron haciendo su vida de siempre mientras por la noche, acurrucados en la cama, soñaban con todo lo que podrían proporcionales esos vagones que iban, venían, pero nunca paraban.

Pasaron los años, tuvieron hijos y siguieron siendo felices a su manera, manteniendo la ilusión que les ofrecía el ferrocarril. Su vida empezó a torcerse cuando llamaron a su hijo a filas. Una mañana, un camión del ejército lo recogió para llevarlo hasta la estación y de ahí fue al frente. Jamás volvió de una guerra en la que ellos nada tenían que ver. Al año siguiente fue su hija la que desapareció. Unos vecinos les contaron que la habían visto subir al tren en compañía de uno de los muchachos que paraban en el pueblo a pedir limosna. Nunca más supieron de ella.

Después de aquellas desgracias, el matrimonio decidió desterrar esos sueños viajeros que los habían mantenido vivos. El horizonte que representaban aquellas locomotoras, cada vez más veloces, nada tenía que ver con la gloria, en forma de avenidas, teatros y cafeterías, tantas veces soñada. Decidieron olvidar sus anhelos y dedicarse a cuidar uno del otro.

La semana pasada le diagnosticaron a Margarita un tumor maligno. En cuanto el médico insinuó que le quedaban pocos meses de vida, volvieron a soñar con la posibilidad de marcharse muy lejos. Anoche, al terminar la cena, salieron a dar su paseo diario y sin necesidad de pactos ni acuerdos se encaminaron en silencio hacia la vía. Al llegar a ella se dieron un beso en la mejilla y se tumbaron sobre los raíles. Y así, agarrados de la mano, esperaron a que ese tren, con el que siempre habían fantaseado, por fin los llevara de viaje al lugar en el que ni los sueños ni la gloria importan. 


#SueñosdeGloria

jueves, 29 de abril de 2021

Setenta años (Día 119)

 SETENTA AÑOS

Setenta años con el maestro del pueblo, codo con codo, y no ha aprendido ni a leer ni a sumar. Setenta años junto al alcalde que intentó cambiar esas leyes que nunca tenían en cuenta a los que eran como él. Setenta años sin poder besar esa foto, guardada junto al pecho, en la que su mujer sonríe ilusionada. Setenta años para abandonar ese montón de hierbajos y arena, abonados de odio y rencor. Setenta años para que ese hijo, al que nunca conoció, por fin le lleve flores y le cuente todo lo que él no pudo conocer.

 

martes, 27 de abril de 2021

Donde se mata y se muere (Día 117)

 DONDE SE MATA Y SE MUERE

Cada noche despierta sobresaltado. En su pesadilla él va reptando y esquiva las balas hasta visualizar el objetivo. Entonces enfoca, apunta y dispara varias ráfagas sin titubear. Impasible ante los gritos del niño que clama ayuda, captura la última fotografía casi a  quemarropa. Ese último fogonazo que encierra horas de espera, minutos de riesgo y segundos de duda, le conduce hasta los premios, los informativos, la fama… Aunque nada compensa el olor a sangre y metralla que siempre lo acompañará. Él quiere creer que solo era un observador, pero a todas horas revive llorando las imágenes de su cámara.

sábado, 24 de abril de 2021

Tribulaciones de un mirlo (Día 114)

TRIBULACIONES DE UN MIRLO

Se asoma de nuevo a la pajarera, comprueba que nada ha cambiado y vuelve a posarse meditabundo. Lleva días sin probar bocado. Los insectos y los frutos que antes tanto le deleitaban, ahora se han vuelto insípidos. Sus canciones suenan tristes y desafinadas, su árbol le parece un ridículo arbusto, e incluso su hogar, que antes le parecía un vergel, hoy lo ve como un simple vertedero. Aunque para otros su situación sería señal de máxima fortuna, se siente el mirlo más desgraciado del mundo. Su orgullo de macho no acaba de digerir ese plumaje blanco de su retoño.


lunes, 19 de abril de 2021

Una vida de libro (Día 109)

 UNA VIDA DE LIBRO

Ansioso por salir, su madre dio a luz en la Biblioteca Nacional. Al crecer rodeado de novelas, revistas, manuscritos e incunables, sus primeros recuerdos siempre los asoció al olor del papel y de la tinta.

Con dieciséis años comenzó a trabajar en la Cuesta de Moyano, después estudió Biblioteconomía e incluso escribió varios libros. Tras conocer a Lolita en la Feria del Libro, se mudaron a vivir juntos a la calle Libreros. Allí falleció ayer abrazado a un facsímil de El Quijote. Justo a esa hora el telediario anunciaba que el libro electrónico superaba en ventas al de papel.

viernes, 16 de abril de 2021

De cóncavo a convexo (Día 106)

 DE CÓNCAVO A CONVEXO

Al poco de conocerse Silvia y David decidieron mudarse a un apartamento casi con lo puesto. Para empezar solo necesitaron una nevera, casi siempre vacía porque les bastaba con estar juntos para alimentarse, una televisión que era su único objeto decorativo porque siempre estaba apagada, y una cama, cuyo colchón enseguida comenzó a combarse por todo el tiempo que pasaban allí acurrucados.

Hoy, años después, tienen la nevera repleta y la televisión apura sus últimos días de funcionamiento, pero el colchón continúa combado. Allí siguen durmiendo, intentando no hundirse, aunque la curva que dibuja ahora es justo la contraria.

miércoles, 14 de abril de 2021

Guernica (Día 104)

 GUERNICA

Ju52, VB88, He111, Do17. Combinaciones alfanuméricas en forma de aviones portan la muerte. Tras repicar las campanas llegan las bombas, después el horror. La paloma rota escolta al guerrero mutilado, que agoniza agarrado a su espada. Junto a él, una madre desconsolada intenta proteger al bebé ya exánime. Al ojo omnipotente le acompaña una luz casi extinta que quiere iluminar un ideal moribundo. El caballo lanceado se retuerce de dolor y un muchacho implora piedad al cielo entre las llamas. El artista, como toro aterrorizado, observa la masacre. Óleo sobre lienzo para recordar la barbarie un lunes de mercado.

 

lunes, 12 de abril de 2021

El orador (Día 102)

 EL ORADOR

Al comenzar sus charlas un silencio expectante se impone a su alrededor, pero unos segundos después aparecen las primeras sonrisas burlonas. Quizás no le ayude mucho ese traje raído, que le queda dos tallas grande, ni sus barbas a lo Valle-Inclán. Cuando termina su perorata ya nadie aplaude ni le aguardan para que les amplíe detalles sobre lo contado. Se esfumaron aquellos años en los que sus alumnos se peleaban por estar en primera fila para escucharle. Hoy tumbado en un banco de la plaza, apura su dosis de alcohol esperando a que la inspiración le asalte de nuevo.

Lo que aquel verano me dejó

 Esta es mi segunda aportación al concurso de Zenda #elveranodemivida LO QUE AQUEL VERANO ME DEJÓ Tras muchas noches de nervios, apuntes su...