Después del timbrazo, movió la mirilla y les vio intentando reventar la puerta. Entre insultos y golpes la llevaron encañonada, con los ojos vendados y maniatada, hasta un edificio en el que solo se escuchaban gritos y llantos. En cuanto aparecieron las descargas, los latigazos y las quemaduras, sus alaridos se acoplaron sin esfuerzo al sonido de fondo. Cuando creía que todo había terminado, varios hombres se aliviaron con ella y después la arrastraron hasta un camión junto a otras personas desconocidas. Hoy en el noticiero dicen que diez individuos peligrosos murieron anoche en un enfrentamiento con el ejército.
Durante los primeros diez años en este blog todas las historias que fui publicando estaban contadas en 99 palabras. Ahora cada una de las historias toma su propia extensión.
jueves, 14 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
La primera vez
Siempre invitaba a los críos más guapos para escuchar junto a él los partidos y las radionovelas. Nunca faltábamos ninguno a la cita pero el día de la final los otros chicos estaban castigados, y a las chicas no les apetecía ver fútbol.
Mis recuerdos se emborronan entre el vino de consagrar, para espantar el frío, y la lucha de los jugadores contra aquellos rusos con rabo y cuernos. Sin embargo jamás olvidaré el gol de Marcelino; no porque por primera vez fuimos campeones, sino porque aquel día don Tomás quiso demostrarme lo que él entendía como amor fraternal.
viernes, 1 de marzo de 2013
Hoy "En 99 palabras" cumple su tercer año
Acabo de darme cuenta de que hoy, 1 de marzo, este blog cumple tres años. Por eso aprovecho desde aquí para daros las gracias a todos los que por aquí seguís pasando a echarle un vistazo a todas las historias, algunas mejores otras peores, que voy colgando por aquí.
El año pasado para celebrar los dos años me animé a organizar un concurso del que salí bastante satisfecho por el gran número de premios que conseguí para los ganadores. Me habría gustado que este concurso se convirtiera en algo habitual, pero la falta de tiempo y sobre todo el pensar que esta nueva edición no iba a estar a la altura de la anterior, al menos en lo que a premios se refiere, me ha hecho dejar de lado por ahora esta idea.
Para este nuevo año por supuesto seguiré con mi idea de escribir microrrelatos en 99 palabras, pero me está rondando por la cabeza el abrir otro blog en el que tengan cabida todas aquellas historias que tengo acumuladas en el ordenador y que no están sujetas a ninguna cabezonería. Si al final me animo ya os lo avisaré por aquí por si a alguien le interesa.
A muchos de vosotros os veré el 18 de mayo, y a otros os seguiré leyendo por aquí.
Gracias por todo.
martes, 26 de febrero de 2013
La herencia
(La imagen está tomada de aquí) |
Rodeada de familiares, pero sola, sus últimas horas transcurren con las penurias de su niñez surgiendo a borbotones. Nunca ha olvidado ni el frío que siempre hacía en casa, ni cómo repartía la comida con su hermano: cuando había sardina la cabeza para uno, la cola para el otro; cuando tocaba huevo sorteaban yema y clara. Si algún festivo tocaba ración completa ninguno podía acabarla. Ahora agoniza escuchando a sus hijos pelearse por su dinero, pero muere satisfecha porque ya no siente ni hambre ni frío. Sabe que las discusiones terminarán cuando muera; para eso lleva días comiendo papel.
miércoles, 13 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
¿Quién es él?
Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel, vestido con un pijama rosa, aunque la providencia quiso que en el último momento fuera niño. Asustados, sin saber qué hacer cuando despierte, Concepción y Eduardo ya tienen preparados los pañales, el arrullo, las toallitas y varias mudas. Quizás algún día él les odie, pero están deseando que despierte cuanto antes para demostrarle su amor. Tantas noches sin dormir, tantas súplicas y rezos al final dieron su fruto. Ya tendrán tiempo de contarle cuando crezca, a pesar de los consejos de la monjita, de dónde vino y quién es él.
miércoles, 30 de enero de 2013
El mago Cándido
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(La foto está tomada en El Retiro) |
Conejos que desaparecen en chisteras; billetes que aumentan de valor al pasar por sus manos; cuerdas que se rompen, se juntan y vuelven a romperse; cuerpos que se desmiembran cuando el serrucho pasa por ellos; barajas que siempre muestran la carta que elegiste; palomas que surgen de la nada… La actuación de Cándido se ha convertido en el número estrella del espectáculo, pero aun así no puede evitar que las lágrimas se le escapen al terminar la función. Cada noche, cuando todo acaba, sufre al comprobar como su magia de nada sirve ante las piruetas de Brigitte, la trapecista.
martes, 22 de enero de 2013
Viuda en la India
![]() |
(La foto está tomada de la red) |
Rapada al cero, agazapada en su sari blanco, camina arrastrando los pies como si hasta por andar tuviera que pedir perdón. Lleva haciéndolo desde los ocho años, cuando la casaron con un hombre sesenta años mayor con el que vivió un infierno hasta que falleció. Desde entonces quedó estigmatizada y todos la evitan porque su sombra da mal fario. Sumida en la pobreza, y en duelo vitalicio, su cuerpo refleja el hambre que la corroe, y sus ojos el sufrimiento perpetuo. Cada noche reza para no despertar porque ya no tiene sueños; una mujer india no puede ser feliz.
jueves, 17 de enero de 2013
jueves, 10 de enero de 2013
El maestro
(La foto está tomada del periódico "El País")
Aunque tenía veinticinco años en su pelo abundaban las canas provocadas por una mezcla de dolor, hambre y desesperación. Llevaba solo dos meses en la cárcel pero ya había comprendido que a pesar de lo que dijeran los noticieros, la guerra no había terminado. Nunca había disparado a nadie, ni había delatado a sus adversarios; su delito fue intentar enseñar algo más que rezos e himnos patrióticos. Dicen que una noche se lo llevaron y que nunca más se supo de él, pero es mentira. Aún hoy sus palabras y sus versos siguen retumbando por las callejuelas del pueblo.
viernes, 4 de enero de 2013
Bajo tierra
(La foto está tomada de la red)
Siempre que hay tormenta, busca refugio en el metro. Al entrar no puede evitar que el ruido de los truenos le recuerde al de los bombardeos que durante la guerra asolaban la ciudad, y los andenes eran el único refugio seguro. Hoy ya no hay bombas, pero las estaciones siguen sirviendo de cobijo a algunos para dormir, a otros para solicitar ayuda para su mujer enferma o para su recién nacido. Hoy esos vagones, que entonces iban al Cementerio del Este abarrotados de cadáveres, transportan a muertos en vida que viven para trabajar o mueren por no poder hacerlo.
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