Durante los primeros diez años en este blog todas las historias que fui publicando estaban contadas en 99 palabras. Ahora cada una de las historias toma su propia extensión.
jueves, 17 de enero de 2013
jueves, 10 de enero de 2013
El maestro
(La foto está tomada del periódico "El País")
Aunque tenía veinticinco años en su pelo abundaban las canas provocadas por una mezcla de dolor, hambre y desesperación. Llevaba solo dos meses en la cárcel pero ya había comprendido que a pesar de lo que dijeran los noticieros, la guerra no había terminado. Nunca había disparado a nadie, ni había delatado a sus adversarios; su delito fue intentar enseñar algo más que rezos e himnos patrióticos. Dicen que una noche se lo llevaron y que nunca más se supo de él, pero es mentira. Aún hoy sus palabras y sus versos siguen retumbando por las callejuelas del pueblo.
viernes, 4 de enero de 2013
Bajo tierra
(La foto está tomada de la red)
Siempre que hay tormenta, busca refugio en el metro. Al entrar no puede evitar que el ruido de los truenos le recuerde al de los bombardeos que durante la guerra asolaban la ciudad, y los andenes eran el único refugio seguro. Hoy ya no hay bombas, pero las estaciones siguen sirviendo de cobijo a algunos para dormir, a otros para solicitar ayuda para su mujer enferma o para su recién nacido. Hoy esos vagones, que entonces iban al Cementerio del Este abarrotados de cadáveres, transportan a muertos en vida que viven para trabajar o mueren por no poder hacerlo.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Amor circular
Él subió en Lucero, ella en Carpetana. Él la descubrió en Opañel, y por Usera cruzaron sus miradas. En Arganzuela llegaron las risas y en Pacífico se sentaron juntos. Por O´Donnell parecían conocerse de siempre y en República Argentina se robaron el primer beso. En Cuatro Caminos se buscaron sin necesidad de atracos y llegando a Metropolitano se juraron amor eterno. Fue en Moncloa donde nació la primera discusión, en Argüelles los gritos y en Puerta del Ángel, cuando ella se cambió de vagón, el final. Entrando el metro a Lucero él fue a buscarla para empezar de nuevo.
Nota.- En octubre de 2016 este microrrelato apareció en la sección de vídeos de Manu Espada "Micros con micro".
jueves, 20 de diciembre de 2012
Dieta milagro (microrrelato para "Un cuento antes del fin del mundo")
A lo largo de esta semana Acuática, del blog "No me vengas con historias", ha decidido que hoy jueves, a las once de la noche, había que publicar en nuestros blogs un microrrelato antes de que llegue el fin del mundo. Os dejo con mi aportación a esta iniciativa. Espero que esta historia le sirva a alguien, si el mundo sigue pasado el día de mañana.
DIETA MILAGRO
Tras la última recaída el médico fue tajante: o le daba un cambio drástico a su dieta o su salud seguiría deteriorándose sin remedio. El consejo coincidió con el inicio de su nueva relación; desde entonces ha cambiado sus costumbres, pero su apetito carnívoro se ha desbocado. Ya no necesita cubiertos ni platos para saciar el hambre, le basta con disfrutar del cuerpo de Magdalena: pechos, vientre, clítoris, pies, boca,… Todo le deleita y le cura. En el hospital no se explican cómo los asteriscos que antes invadían sus analíticas, ahora se han convertido en unas caras amarillas sonrientes.
martes, 11 de diciembre de 2012
Todo está en tu imaginación
P.D. La foto está tomada junto al Museo del Prado
(forma parte del monumento que hay en honor a Goya)
“Antes de que vuelva papá debes recordar que nada de lo que crees haber visto o escuchado es verdad. Cariño, aquí no ha pasado nada. Todo está en tu imaginación”. Cuando la madre se va, convencida de haber dejado las cosas claras, el niño se queda apenado recordando al vecino que acaba de irse. Le da miedo pensar qué le ha podido hacer su mamá a ese señor. Cree que no debe ser nada bueno, porque tras marcharse ella acaba de decirle las mismas palabras que le repite a él su papá cuando cada noche sale de su habitación.
martes, 4 de diciembre de 2012
lunes, 26 de noviembre de 2012
Vía crucis
Juana ha abandonado hoy su casa de la calle del Calvario, donde ha vivido durante años. Arrastra dos maletas, respira con dificultad, y tiene las lágrimas empujando para salir. Sabe que los años cada día se notan más, pero no son estos ni las maletas los que dificultan su marcha sino el peso de las deudas y el del desahucio. Ahora prefiere no pensar en ello, solo desea un sitio para descansar. Ha pensado en cobijarse bajo el Viaducto, pero aún no ha decidido si al llegar allí se quedará bajo los arcos o intentará llegar hasta la barandilla.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Sentimientos encerrados
Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto que solo yo puedo escuchar. Sus ojos me traspasan suplicándome que sea yo el que vaya hacia ella. El cabello rubio y rizado se desparrama a lo largo del cuerpo semidesnudo esperando ser acariciado por fin. Las manos…, esas manos que me invitan a que me entregue a ella…
¡Piiiiiiiip! La complicidad que una noche más se ha establecido entre nosotros se rompe cuando, tras el pitido, la luz se apaga. Decido acabar lo que ya he empezado mientras busco a oscuras, su cuerpo clavado en la pared.
jueves, 15 de noviembre de 2012
Ilusiones perdidas
Para variar, os dejo con un microrrelato que no es mío, sino de Sergio Cossa. La fotografía en la que se basa el microrrelato la cedí hace un tiempo a Danik Lammá para uno de los concursos de Triple C.
Es para mí una enorme satisfacción que esta imagen, que tomé hace más de tres años, haya dado origen a esta maravillosa historia, que resultó ganadora de la final mensual de dicho concurso (mes de julio).

P.D. La foto está tomada en la parada de Julián Besteiro (Metrosur)
Ilusiones perdidas
Los días de lluvia son los preferidos de Daniel Baroni. Cepilla con esmero el esmoquin roído, se viste ansioso, toma la caja de cartón con su tesoro y sale a la calle. Su cara reluce bajo el aguacero, mientras sortea figuras grises, rumbo a la estación del metro. Dentro del hall, al pie de la escalera, desenvaina la batuta descolorida y se dispone a dirigir la orquesta. Los primeros instrumentos que hace entrar son las gotas que caen en los baldes de los escalones. Sus manos llevan el compás y dan paso a las finas goteras que repican sobre la baranda metálica. Al final, entran las que suenan contra los acrílicos. Manso en algunos pasajes, en otros enérgico y vehemente, llena el lugar con música y se dibujan círculos de público a su alrededor. Cuando finaliza el concierto, su reverencia es acompañada por el aplauso burlón de los curiosos. Algunos le arrojan monedas antes de marcharse.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Soledad
Primero sus hijos se marcharon de casa para comenzar su vida, después una mañana su gata dejó de maullar, más tarde fue María la que un día no se levantó más y por último llegaron los sesenta y cinco. Se jubiló hace meses, pero todavía sigue con su rutina de levantarse a las siete, ducharse, desayunar y coger el metro. Siempre toma la línea 6, la circular, donde da vueltas continuas hasta la hora de comer; tras la siesta repite línea hasta la cena. No ha perdido la cabeza, solo busca atenuar ese dolor que le impregna la memoria.
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