martes, 30 de noviembre de 2010

Una cena inolvidable

Cuando Nicolás supo que Jimena le engañaba decidió solucionarlo cuanto antes, y al día siguiente preparó una cena romántica para reconquistarla. Al llegar a casa ella quedó maravillada: una vela alumbraba el salón, sonaba su canción favorita e incluso él había preparado la cena. Aunque el vino estaba caliente y la carne algo cruda Nicolás consiguió su objetivo. Al preguntarle a qué se debía aquello Nicolás respondió: “Aunque me engañas espero que desde hoy todo cambie. Como no deseo perderte he querido que te saciaras de él. Ahora sé que nunca más le verás ni volverás a comer carne”

domingo, 28 de noviembre de 2010

Lectura de microrrelatos contra la violencia de género

Como estos días he estado fuera no me ha dado tiempo a informaros de que el pasado jueves 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia de género y Ana Vidal (Anita Dinamita) del blog Relatos de andar por casa, en colaboración con la Asociación Cultural Mareando y la Asociación Violeta por la Igualdad, consiguió que varios microrrelatos basados en este tema fueran leídos en una noche temática. Aquí os transcribo los relatos leídos entre los que por suerte apareció Discusiones fatales, publicado en este blog el lunes pasado. Espero que disfrutéis con ellos.


David Figueroa, del blog Relatos en Línea
Monstruo.

Estaba tan preocupada por los monstruos que imaginaba bajo su cama, que no se dio cuenta cuándo el príncipe con el que dormía se convirtió en uno.


Elisa de Armas, del blog Pativanesca
Centro de atención a la mujer
Me acerco y anoto sus nombres: Leda, Penélope, Dafne, Dánae, Medea, Europa… Escuchamos sus relatos y, pese a nuestra dilatada experiencia, casi nos hacen llorar: violaciones, acosos, raptos, abandonos, explotación. Por primera vez se sienten protagonistas. Les buscamos plaza en distintas casas de acogida, les asignamos abogada, procuramos atención psicológica a las más afectadas, convocamos una manifestación de apoyo y nos comprometemos a reescribir sus historias en el tiempo más breve posible.


Susana Pérez Santos, del blog Aprendiz de Palabras
Incomprensión.

Necesito saber si está enfermo o es un cabrón. No comprendo sus palabras que como cuchillos se me clavan, sus gestos despectivos que me azotan, su alejamiento que me produce frío… Necesito saberlo para amarlo desde la comprensión, porque ahora mismo su amor me produce dolor.


Torcuato González Toval, del blog Todo nuevo bajo la luna
Estocolmo.

A mi me empiezan a entrar dudas. Desde esta cama veo las flores del jardín, me evocan el día que le comuniqué que me iba y, entonces, me trajo un precioso ramo de rosas. Soy un pajarillo indefenso y tú eres mi cielo, sin ti no soy nada, me dijo con las lágrimas a punto de asomar. Con eso dejaba de cuestionarme otras posibilidades. ¡Es tan dulce y detallista! Vendrá dentro de poco y esta enfermera le pone ojitos. Espero que termine pronto de cambiarme las vendas de las costillas y me traiga un espejo.


Pablo Garcinuño, del blog En Mal Estado
Tras los cristales negros.

Las gafas de sol que me trajo el tío Carmelo se convirtieron de inmediato en mi más mejor tesoro. ¡Era un regalo de mayores! Y Carlos se moriría de envidia cuando me viera entrar en clase con ellas. No me las quité en toda la mañana pero cuando fuimos a comer papá me dijo que era de mala educación andar con eso puesto en la mesa. Protesté un poco y le dije que mamá a veces llevaba gafas de sol en casa, incluso en el momento de cenar. Los dos se quedaron en silencio, él y ella, y yo decidí portarme bien. No conviene enfadar a mi padre.


Jesús Esnaola, del blog El Doctor Frankenstein, supongo
Familia tradicional.

Miren se despierta en mitad de la noche. Siente vacía la otra mitad de la cama. Se incorpora y se sienta en el lateral, las manos frotándose la cara. Alza la cabeza, escuchando, y le llegan el rumor de la teletienda y los ronquidos de Peio que se ha vuelto a quedar dormido en la sala, con el televisor encendido. Rebusca a oscuras en la mesilla hasta encontrar un pitillo suelto y un mechero. Se pone en pie, despacio, y camina con cuidado, evitando los listones de madera que crujen. Entra en el baño, cierra la puerta tras de sí y abre la ventanita que da al patio. Le tiemblan las manos cuando intenta encender el cigarrillo. Da una profunda calada y exhala el humo hacia el patio, espantando moscas después para que el humo no se cuele dentro a delatarla. Entonces oye un gemido, casi inaudible para unos oídos que no sean los de una madre. Otro. Tira el pitillo por la ventana y va a abrir la puerta del baño cuando Jon empieza a llorar. No cariño no llores, por favor, y los gritos son de Jon pero Miren pone las lágrimas, agarrada al pomo de la puerta del baño, sin saber si salir a callar al pequeño o hacer caso a sus piernas y quedarse sentada en el suelo, no llores cariño, vas a despertar a papá.


Kum*, del blog Haikum*
El monje.

Bebían los vientos por el profesor de yoga. Adoraban su saber enciclopédico, la serena cadencia de su voz, la paz y la luz que transmitían sus palabras, sus movimientos… su mirada. Lo apodaban el monje o el buda y en secreto fantaseaban con la dicha de ser sus novias. Suspiraba.
Esta noche Clara intenta reconocerse en la imagen deformada que le devuelve el espejo. La boca rota, la nariz embarrada aún en su propia sangre, los ojos hinchados, violáceos… Un sobresalto, un escalofrío,… una voz calma, sosegada, que llega flotando desde el salón:
-Mi amor, viene la cena… o me levanto otra vez?


Gotzon, del blog Relatos Encallados
Breve estudio de las especies

-Ese tic tac que escuchamos hace rato se va acelerando al ritmo que crece la atracción de la hembra por el macho. En esta curiosa especie, la hembra elige normalmente al macho con el que aparearse, no siguiendo un mismo patrón de conducta, se aparea esporádicamente con machos jóvenes y fuertes, pero la cría y convivencia la efectúa junto a otro espécimen más obeso y rutinario. En ocasiones podemos comprobar con horror como éste último termina cruelmente con la vida de la hembra, aún no comprendemos el porqué de esta sinrazón.
Y ahora analizaremos con profundidad otra especie de similares costumbres habitante del planeta tierra, el Humano…


Miguel Ángel Molina, del blog En 99 palabras
Discusiones fatales.

El llanto invade la casa y no cesa hasta que la puerta de la habitación se abre y Luisito escucha la susurrante voz maternal.
- Nene no llores, ya estoy aquí.
- Mamá tenía miedo, oía voces.
- No te preocupes cariño ya pasó, mamá está ahora contigo. Duérmete amor.
- ¿Cuándo va a venir papá a darme el beso de buenas noches?
- Tranquilo cariño, papá vendrá enseguida.
A los pocos minutos Luisito se duerme sin haber recibido el anhelado beso. No sabe que ninguna otra noche volverá a tener ese beso ni el consuelo de su madre.


Niñocactus, del blog Borrón y cuento nuevo
Meteorología de andar por casa.

Le gustaban las tormentas, el olor a tierra mojada que presagiaba su proximidad. Un alboroto de pájaros, vuelos y trinos que la anunciaban…
… Y en sus ojos no la vio venir.
Le gustaban las tormentas. El aire comenzando a soplar más y más fuerte. El viento formando remolinos de hojas, papeles…
… Y en su silencio no la oyó acercarse.
Le gustaban las tormentas porque a él le daban miedo; Y odiaba el miedo que él le hacía sentir…
… Y en sus manos no encontró caricias.
Le gustaban las tormentas el agua cayendo, arrastrando, limpiando. Un río sin orilla, sin océano…
… Siempre era lo mismo.
Le gustaban las tormentas porque tarde o temprano acababan.


Belén Lorenzo, del blog Relatos para leer de pie
Trampas.

Empezó criticándole su forma de vestir, pero ella no le dio importancia. Pensó que sólo eran celos, como cuando la dejaba en ridículo delante de sus amigos para sentirse el centro de atención. “Hombres”, pensaba ella, “son todos iguales”. Tardó en darse cuenta de su error, porque era difícil descubrir el engaño. Él nunca le levantó la mano, ni le gritó. Su cuerpo intacto escondía una autoestima apaleada que moría día a día sin que nadie se diera cuenta.


Maite García de Vicuña, del blog Historias mayúsculas en porciones minúsculas
El refugio de María
Los insultos, los golpes y los gritos volvían a empapelar la casa. María, tapándose los oídos, fue corriendo a encerrarse en su cuarto. Buscó sus lápices de colores y en un papel en blanco pintó un enorme arco iris. Esbozó una sonrisa. Dibujó una casa roja con hermosas ventanas azules y una puerta abierta por la que entrar a refugiarse. En el jardín plantó un cartel prohibiendo la entrada de adultos. Despacio, introdujo primero un pie, después el otro y, finalmente, el resto de su pequeño cuerpo. Cerró la puerta. Allá dentro los sonidos se quedaron mudos y se sumergió en el más feliz de los sigilos. Al rato, entró su padre en el dormitorio arrugando el dibujo con furia y tirándolo al suelo. En ese instante los llantos perdieron su afonía y volvieron a retumbar las paredes. Se abrió la puerta del armario donde estaba escondida y una voz ronca le dijo: -María, mamá se ha caído, vámonos al hospital.


Mª José Barrios, del blog Cuentos Mínimos
Reconciliación.

Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo. Utiliza palabras duras, no hagas la más mínima concesión. Dile que no sabes de qué te habla, que son todo imaginaciones suyas. Deja que te grite, que te golpee, que te arañe, que te muerda, que te amenace. Échale la culpa de todo, deja que se derrumbe. Humíllala, apriétale un poco más (sólo lo justo), y entonces empieza a mostrarte algo más comprensivo. Dile algo cariñoso, juguetea con su flequillo. Abrázala, deja que se sienta bien por unos minutos. Convéncela de que te necesita. Miéntele, dile que la quieres. Y sólo al final, si lo consideras necesario, le dices que la perdonas.


Ana Vidal del blog Relatos de andar por casa
Marina vuela.

Marina cierra los ojos, el color azul la impregna totalmente y cuando ella también se siente azul, su globo comienza a elevarse.
Poco a poco va abriendo los ojos y empieza a ver pájaros, dando vida y sonido al paisaje. Los mira y se concentra en ellos, contempla su vuelo travieso con un destino prefijado y les imagina historias de amores y hogares por el mundo.
Cuando mira abajo ve los campos que se extienden bajo el aire, ordenados y cuadriculados como baldosas de vida.
Siente como una nube absorbe su globo hasta no ver nada más que la nube, sintiendo su frío y humedad, y por capricho vuelve a soltarlo, inundándose de nuevo de ese color azul con el que se siente tan segura.
El mismo azul de las baldosas del baño, donde María se esconde cuando papá entra en casa dando un portazo.


Avelino Vallina, de Ebude
Monstruos.

La despertó su aliento de alcohol y tabaco y su cuerpo comenzó a temblar. Ahogó como pudo los sollozos porque no quería que sus hijos la oyeran. Intentaba desvestirse antes de que él le hiciera más daño arrancándole la ropa, mientras él forcejeaba y la insultaba y se enfadaba cada vez más.
La poseyó con violencia, pero ella todavía no sentía el dolor físico, eso llegaría después, ahora se desesperaba con sus gemidos y sus insultos temiendo que los niños pudieran oírle.
El suplicio duró unos minutos eternos, los que tardaron en llegar los golpes y una nueva avalancha de insultos, hasta que, agotado, se quedó por fin dormido.
Se levantó en silencio, se echó por encima lo primero que encontró, se limpió la cara de babas y sangre y se acercó a la habitación de sus hijos con el corazón encogido.
Comprobó aliviada que dormían y regresó a la cama.
Se despertó llena de angustia, estiró con miedo la mano hacia el otro lado de la cama: él todavía no había llegado.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Campanadas

Treinta grados, una intensa punzada en el pecho y el reloj del vecino eran el cóctel perfecto para no pegar ojo. Nada más acostarse comenzó: dong, dong... Mecánicamente fue contando: las doce.

Se revolvió, intentó concentrarse, pero comenzó de nuevo: dong, dong..., ¿doce? Antes de poder asimilarlo repitió otra vez la misma hora: dong, dong... Después de cinco años estaba fallando.

El desasosiego se apoderó de él cuando tras sentir un fuerte y seco pinchazo el cansino soniquete se transformó en un tétrico repiqueteo. No sabía mucho sobre el tañer de las campanas, pero esta vez tocaban a muerto.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Discusiones fatales

El llanto invade toda la casa y no cesa hasta que la puerta de la habitación se abre y Luisito escucha la susurrante voz maternal.
-Nene no llores más, ya estoy aquí.
-Mamá tenía miedo, oía voces.
-No te preocupes cariño ya pasó, mamá está ahora contigo. Duérmete amor mío.
-¿Cuándo va a venir papá a darme el beso de buenas noches?
-Tranquilo cariño, papá vendrá enseguida.

A los pocos minutos Luisito se duerme pese a no haber recibido el anhelado beso. No sabe que ninguna otra noche volverá a tener ese beso ni el consuelo de su madre.

jueves, 18 de noviembre de 2010

La vida es mágica

Aunque siempre deseó ser bruja no resultó tan sencillo como esperaba. Quiso volar con una escoba pero se estampó en el suelo. Le echó mal de ojo a la nueva pareja de su “ex” y desde entonces padece de estrabismo. Intentó interpretar los posos del café pero las tazas le quedaban impolutas. Puso todo su empeño en leer las cartas pero no entendía en qué idioma le hablaban.

Cuando vio que no valía para ello decidió rehacer su vida, era el momento de tener descendencia. A los nueve meses tuvo mellizos, desde entonces vuelve a creer en la magia.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Cuando el roce no hace el cariño

Tras cuarenta años trabajando Marcelino consiguió jubilarse. Solterón empedernido, ya nada le ataba para hacer todo cuanto se le antojara. Por eso sus amigos no entendían por qué cada mañana viajaba a Madrid y en plena hora punta se metía en el metro sin destino alguno. Cuando le preguntaban él contestaba escuetamente que estaba descubriendo placeres que hasta ahora le eran desconocidos. Una tarde volvió con un ojo morado, días después fueron el labio y el otro ojo los que volvieron renqueantes. Fue así como todos comprendieron que los placeres que encontraba gratis su cuerpo los pagaba bien caros.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Vicios que matan de hambre

Carmen saboreaba su café, repasaba la lista de la compra y calculaba qué compraría y qué dejaría para otro día. Dio a la palanca y eliminó bollos, cervezas y otros caprichos. ¡A cuidar la línea! Otra vez la palanca, repasó la lista, y lo que quedaba ya no daba para carne y pescado. No importaba, las frutas y verduras son salud. Aporreó los botones y desaparecieron azúcar, sal y aceite. ¡Qué caro está todo! Golpeó desesperada la máquina y dijo adiós a pan, huevos, leche,... Rebuscó sin éxito dinero para el café y salió del bar sin hacer ruido.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El peregrino

Agotado, Mariano continúa su duro peregrinar con semblante serio. Lleva varios días recorriendo aquellas tierras, y el cansancio ya empieza a aflorar. Pueblo tras pueblo va suplicando ayuda a los lugareños intentando poner siempre su mejor cara. Aunque hay sitios donde es bienvenido, en otros es tratado con recelo y se siente ninguneado. Le guste o no ése es el camino que debe seguir y por eso debe continuar su travesía. Tiene claro que esto no durará mucho tiempo, pero sabe que en un futuro cercano estará encantado de volver a repetirlo. El tiempo pasa muy rápido en política.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Compañero de viaje

Su cara refleja los estragos de la viruela y de la mala vida: “Estoy en paro, no tengo para comer. Si pudieran ayudarme con unas monedas o un bocadillo se lo agradecería". Hoy trae una guitarra, esto promete: "Intentaré alegrarles el viaje con una canción” Nos deleita con una de “Los Delinquentes” entre estación y estación: "Ahora viene lo mejor, es cuando me quito la gorra para ver si cae alguna moneda, y si no, también podéis regalarme una sonrisa que de ésas me caben muchas" Tras la recolecta abandona el vagón huérfano de monedas y atiborrado de indiferencia.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Humor negro

Camilo llegó a casa y comenzó su ritual: humillar a Pilar, engullir comida, ver tele. Todo iba bien hasta que vio que en vez de fútbol había una nueva serie. Pilar ya estaba temblando cuando un sonido ya olvidado le sobresaltó, Camilo reía a carcajadas. Veinte minutos de risas después calló, y Pilar le encontró muerto.

Según el médico: “la risa prolongada le provocó un colapso y éste un ataque cardíaco” Al mes, los guionistas de la serie recibieron una carta: “Gracias por recordarme porqué un día me enamoré, y por regalarme el día más feliz de mi vida”