martes, 30 de enero de 2018

Persuasivo


Al conocernos aseguró que me querría para siempre y meses después afirmó ante Dios quererme y respetarme todos los días de mi vida. Nuestro matrimonio maduró con un sinfín de promesas que yo creí, pero él incumplió; la última no volver a pegarme cuando quise denunciarlo a la Policía. Ante la Biblia juró ser inocente al ser juzgado por asesinato y también le creyeron. Desde entonces me manifiesto a diario, con el cuchillo hundido en el pecho, para recordarle sus actos. El nunca creyó en fantasmas, pero ha denunciado en comisaría mis apariciones. Ayer lo encerraron en el psiquiátrico.

martes, 16 de enero de 2018

El protocolo

La foto está tomada en la Sacramental de Santa María (Madrid)

Pestañeó dos veces para decir que sí, después levantó el índice de la mano derecha y a continuación repitió el gesto con el de la izquierda. Atónitos, los forenses suspendieron la autopsia. La mujer recibió aviso y, sin poder aguantar las lágrimas, acudió de inmediato convencida de ser víctima de una broma pesada. Ya en la morgue los médicos pidieron al difunto una muestra de vida y éste levantó el dedo corazón de la mano derecha dirigiéndolo hacia ella. Fue suficiente. Su esposa autorizó a los forenses a seguir con el protocolo habitual para estos casos. Ayer lo enterraron.

viernes, 12 de enero de 2018

Eutanasia

La foto está tomada en el Hospital Clínico San Carlos (Madrid)

El aroma a sal marina, el sol en la cara, los amigos, las risas, la pajita alargada con la que sorbe el mojito, el mar, las rocas puntiagudas, el sentirse vivo, el último salto, la zambullida inacabada, las ambulancias, el silencio que conduce a la muerte en vida. 

El hedor a productos químicos, el fluorescente siempre encendido, la soledad, el llanto, la pajita alargada con la que se alimenta, el hospital, las paredes asépticas, el sentirse una cabeza viva en un cuerpo muerto, el último sorbo, las sacudidas liberadoras, las ambulancias, el silencio que por fin le permite descansar.

viernes, 5 de enero de 2018

El silencio de la pregonera


En cuanto un camión asome por la avenida aparecerá la pregonera dispuesta a pactar la tarifa con el transportista. Después tomará la trompetilla para desgañitarse con su cantinela: "Quien quiera comprar fruta de todas las clases, que vaya a la plaza". Tras vocear la mercancía por todo el pueblo, regresará a casa. Ahí ya no gritará, aunque es donde debería hacerlo. Preferirá callar. Cómo contar lo de la botella de vino cosida a la boca del marido; cómo afrontar lo del hijo y los cincuentones de la capital; cómo superar el embarazo, de padre desconocido, que oculta su hija.