martes, 21 de noviembre de 2017

Los soldaditos


Estaba siempre sentado, como parte del paisaje, frente a mi trabajo. Le acompañaban su don Simón y unos soldaditos de plomo que hipnotizaban a los transeúntes y que jamás dejaba tocarlos. Decía que daban mal fario y no quería pasárselo a nadie. Ayer le vi tumbado, sangraba por el pecho. Con reparo me he acercado, estaba muerto. En un impulso irrefrenable he cogido los soldados. Tras limpiarlos los he puesto en una vitrina. Anoche mi mujer me abandonó; hoy me han despedido, y el coche ha gripado. Al entrar en casa los soldaditos aguardaban formados, apuntándome con sus fusiles.

lunes, 13 de noviembre de 2017

El patito feo

Esta es mi aportación a la propuesta de Ana Vidal para los Viernes Creativos de El Bic Naranja.
Esta vez había que inspirarse en la imagen que aparece en esta entrada.

El nacimiento de su tercera hija fue una desgracia para los Bauer. Sus ojos oscuros, su piel y pelo moreno deshonraban a la tez blanca y ojos azules de sus hermanas. Creció entre burlas, como un error de la naturaleza, envidiando el cariño y la educación recibida por las mayores. Nunca la invitaron a los desfiles victoriosos, ni la enseñaron esas canciones patrióticas cantadas con el brazo levantado. Hoy solo les agradece que también la relegaran aquella noche. Fue la única que no tomó la infusión. Solo ella vio lo que su padre llamaba la vergüenza de la derrota.

jueves, 9 de noviembre de 2017

De maletas y refranes


 Esta es mi aportación semanal a los Viernes Creativos de El Bic naranja. En esta ocasión el microrrelato debía ser sobre la última imagen que hubieras captado con el móvil. En mi caso apareción esta maleta.

Tomó la maleta más voluminosa que tenía y fue escudriñando entre lo que almacenaba en el trastero de su mente. Guardó reproches paternos, desplantes de sus hermanos y desprecios de sus íntimos. Después arrojó las mentiras y traiciones que durante años tuvo que soportar de Javier. Y haciendo un esfuerzo remetió al fondo todos los consejos de aquella amiga que después se fue con él. Cerró a presión y la abandonó junto a los contenedores. Horas después, al ver la maleta desvalijada, ha recordado el refrán favorito de su abuela: "de la vaca flaca, la lengua y la pata". 

jueves, 2 de noviembre de 2017

Fútbol y guerra


Cambió las botas de fútbol por las militares y la camiseta rojiblanca por el uniforme azul. Los gritos de ánimo en los estadios quedaron enmudecidos por los llantos de los campos de concentración, y los regates eléctricos sirvieron de ensayo para los desfiles marciales. Desinfló la pelota de cuero para abrillantar su Mauser el mismo día que arrugó la lista de máximos goleadores para contabilizar muertos. Su cara desapareció de los periódicos deportivos para copar las portadas del panfleto del Régimen. Lo más triste, leyendo su biografía, fue saber que dejó de ganar los partidos para ganar la guerra.