martes, 21 de julio de 2015

Donde se mata y se muere


Todas las noches despierta con las mismas imágenes incrustadas en su cabeza. Reptando, esquiva las balas hasta que consigue visualizar el objetivo. Entonces apunta y dispara varias veces sin titubear. Impasible ante los gritos que claman ayuda, tira por última vez, casi a quemarropa. Ese último fogonazo, que encierra horas de espera, minutos de riesgo y segundos de duda, le conduce hasta los premios, los informativos y la fama efímera. Pero nada compensa ese olor a sangre frita que ya siempre le acompañará, y aunque se repite que solo era un observador, revive llorando las imágenes de su cámara.

lunes, 29 de junio de 2015

Plantado en el paseo

En noviembre fue Caperucita, en diciembre Charlot y en enero alternó el disfraz de torero con el de lavandera. Este mes se ha pintado de verde y marrón, y adorna su cuerpo con ramas y hojas. Inmóvil, lleva posando durante horas atrayendo la atención de los turistas. Hoy es el único árbol en flor del paseo. 
Aún tardará en llegar la primavera y entonces alguien se percatará de que el tronco en el que recolecta las monedas está abarrotado, y que el hedor que desprende desentona frente al de los otros árboles que empiezan a florecer junto a él.


sábado, 13 de junio de 2015

Visitas no deseadas


Desde que el tío Jero, el patriarca, ha ingresado en el hospital, el desfile no cesa. Hijos, sobrinos, nietos, y conocidos del barrio abarrotan la sala de espera. En su habitación está Luis, un anciano que hoy, tras un mes operado, ha recibido la segunda visita de su familia. Esta vez tampoco han estado mucho tiempo porque no soportaban el jaleo de los vecinos. Antes de marcharse han puesto una queja en atención al paciente alegando que esas no son condiciones idóneas para recuperarse un enfermo. Luis sigue rezando cada noche para que las molestias de Jero no remitan.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La llamada de las nueve


Desde que Dolores se fue, su única compañía era el trabajo. Hace medio año tuvo que jubilarse y el miedo a morir solo comenzó a angustiarle. Entonces convenció a Antonio, un antiguo compañero, para que le telefoneara a diario; siempre a las nueve. Dejaba que sonara, descolgaba y volvía a colgar. Con eso era suficiente.

Anoche no sonó. Al comprobar que había línea los temblores y la asfixia le impidieron dormir. Hoy ha sabido que Antonio había fallecido. Un dolor agudo en el pecho le ha paralizado cuando, a las nueve en punto, el teléfono ha vuelto a sonar. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Mi madre se llamaba Carmen


Mi madre era la única del barrio que tenía todos los nombres imaginables: Tatiana, Olga, Anastasia… lo que me convertía en la envidia del colegio. Por eso no acallaba los rumores que la tachaban de ser una espía enviada por los rusos para salvarnos de Franco. Los padres de mis amigos la devoraban con los ojos, mientras que las madres sabían que aunque era alta, de piel clara, y pómulos prominentes, sus secretos no eran políticos. Jamás olvidaré sus besos al estilo ruso. Esos que me daba cada noche, antes de marcharse a trabajar, diciendo que eran solo míos.


lunes, 9 de febrero de 2015

Desnuda en la pecera


Cuando las luces se apagan, y la sala queda a oscuras, comienza su ritual. Primero se retoca el pelo y después va limpiándose la cara, los brazos, el pecho, las piernas, dejando para el final culo y pubis. Cuando al fin se siente limpia, espera a que las horas pasen y vuelvan a abrirse las puertas. Entonces se tumbará en escorzo, haciéndose la dormida, e intentará disolverse en la piedra mientras aguanta otro día más el manoseo de la clientela que disfruta de su cuerpo marmóreo e inerte saboreando un café en “La pecera” del Círculo de Bellas Artes.


lunes, 2 de febrero de 2015

Hechizado


Nació un domingo de noviembre y algunos de los que asistieron al parto contaban a escondidas que asustaba de feo. Le bautizaron como Carlos. Una alteración cromosómica le dejó con infertilidad, disfunción testicular, hipogenitalismo… Su padre se llamaba Felipe. Escoliosis, bronquitis y diabetes le acompañarían para siempre. Su madre se llamaba Mariana. En la época en que nació los niños débiles de salud tenían poco futuro, pero a él le amamantaron catorce amas de cría distintas hasta los cuatro años. Justo a esa edad le pusieron un dos en números romanos, detrás de su nombre, y le nombraron rey.


lunes, 26 de enero de 2015

Último deseo


Cuando escucha esa voz enérgica, dirigiéndose a él, los recuerdos se le amontonan: las noches de Reyes en vela para ser el primero en comprobar si le habían traído lo que había pedido; aquellas Nocheviejas en las que suplicaba que el año entrante fuera benévolo para que su familia recolectara lo suficiente para subsistir otro año; las madrugadas compitiendo con las estrellas fugaces para que su compañera de clase se fijara en él… Todos esos momentos desaparecen cuando esa voz le devuelve a la realidad. Entonces decide cambiar su deseo por un escupitajo hacia los fusiles que le apuntan.


lunes, 19 de enero de 2015

Días de hambre


Tumbada en la cama escucha cómo los sollozos interminables de su vecina, recordando a sus hijos muertos en el frente, se confunden con el rugido de sus tripas, como tuberías llenas de aire. Hasta hace poco también oía maullar a su gata, pero ya no la siente por casa. Aunque cree que lleva escuchando los mismos sonidos durante días, debe estar equivocada porque su habitación continúa a oscuras. El hambre la corroe y por enésima vez le grita a su madre si ya puede levantarse. Mamá siempre responde lo mismo: “duerme un poco más hija, aún es de noche”.

miércoles, 7 de enero de 2015

Afilador


Siempre va acompañado de un sonido continuo y armónico, que sube de tono y calla violentamente. "El afilador, ha llegado el afilador". Desde que ha visto la noticia en el periódico, empuja dubitativo su bicicleta y toca su chiflo distinto a lo habitual. No se olvida de la imagen de un cliente suyo en la portada del periódico y le acongoja leer que mató a su amada con el cuchillo que él le había afilado. Por eso ha decidido que desde hoy debe girar con más ahínco el esmeril, le avergüenza que el asesino haya necesitado apuñalarla treinta veces.