miércoles, 19 de noviembre de 2014

Remordimientos


Los besos que nunca te di abrasan mi boca. Los abrazos que no te ofrecí cargan mis brazos como a un levantador de pesas. Las caricias que me ahorré estallan en mis manos. Los poemas que te escribí, y no te leí, abarrotan mi cerebro. Los “te quiero”, “para siempre”, “no me olvides”, “yo también”, se enquistan en mi garganta. Y sin embargo muero sin que nada de eso me importe ya. Hoy, mientras la vida se me escapa a la carrera entre máquinas, jeringas, goteos y médicos solo me atormenta el marcharme sin ni tan siquiera haberte conocido.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Para toda la vida


Justino era un hombre de palabra, de los que se visten por los pies. Por eso cuando supo que Salomé le engañaba, y que su infidelidad era conocida por todo el mundo, el “hasta que la muerte os separe” se convirtió en una losa demasiado pesada. Sabía que nunca volvería a ser feliz pero su palabra era lo primero. Tras darle muchas vueltas redactó un nuevo testamento en el que dispuso que cuando falleciera le enterraran lo más lejos posible de ella. Se aseguró así, sin faltar a sus principios, el vivir toda la muerte separado de su mujer.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Autodefinido



Entró en mi oficina y de improviso me soltó que era muy desgraciada. Me dijo que acababan de despedirla; que llevaba separada años, pero su marido seguía abonándole la pensión; que acababan de exigirle el abono, con intereses, de un recibo por retrasarse dos días en pagar; que yo le parecía honrado… Supuse que se había equivocado de despacho, pero la escuché, sin interrumpirla, esperando a que acabara para retomar mis asuntos. Minutos después suspiró aliviada, me estampó dos besos, un apretón de manos y emocionada me agradeció el haberla escuchado. Tras cerrarse la puerta, decidí acabar el autodefinido.


jueves, 30 de octubre de 2014

Amores de barra


Mientras sirve las cervezas escucha alardear a algunos clientes sobre sus conquistas y soporta sus coqueteos de tercera división. En ocasiones se sincera y me cuenta lo cabrones que somos los tíos casados, porque en cuanto pasan unos años menospreciamos a nuestras mujeres y sólo queremos acostarnos con la primera que aparezca. Le cuento que no todos somos iguales, que ella aún es muy joven y no debe creerse todo lo que escucha. Ella calla, y absorta me sirve otro whisky. Yo continúo hojeando el periódico y apuro mi copa, ansioso por pedir otra y tenerla de nuevo cerca.


sábado, 17 de mayo de 2014

En soledad


Llegaba temprano al albergue, se duchaba con otros veinte tipos y desayunaba el mismo café aguado y las mismas galletas. Después tomaba el metro en hora punta, y viajaba apretujado hasta que bajaba en Sol. Entonces caminaba por Preciados y Arenal saludando a todos los que por allí pasaban. A continuación paseaba por Montera, Desengaño y Ballesta sólo para escuchar como le llamaban cariño, guapo y mi amor. A la hora de comer, si no conseguía colarse en alguna celebración familiar, regresaba al albergue. Al acabar el día marchaba a su casa, encendía la tele y rompía a llorar.

lunes, 17 de marzo de 2014

Ácido


Nunca había pisado un laboratorio, ni se había puesto una de esas batas blancas que usan los que allí trabajan. Jamás le importó qué quería decir que su concentración fuese 12 molar, o su riqueza del 38% en peso. Desconocía qué era el pH, y tampoco sabía que servía para disolver metales, formar sales, desprender hidrógeno... Y sin embargo aquella mañana lo utilizó como el mejor de los químicos. Masticando el odio acumulado durante los últimos meses se quedó observando cómo se fundía aquel rostro que tantas veces había acariciado, seguro de que esa marca la acompañaría para siempre.


martes, 21 de enero de 2014

Musas familiares


Todas las mañanas sale a la calle buscando historias inspiradoras. Primero visita el bar de su amante y escucha las conversaciones de los otros clientes. Después sube al metro y observa el comportamiento del resto de viajeros. Para acabar se acerca a la oficina del Inem y escruta la desesperación de los que allí aguardan. Casi todos los días regresa desesperado, sin ideas aprovechables para sus microrrelatos. Mientras tanto su hija de quince años chatea con un cincuentón; su hijo esnifa unas rayas para salir de fiesta, y su mujer aliña la comida entre lingotazos de anís y antidepresivos.


viernes, 3 de enero de 2014

Sinsentido

Su vida era feliz hasta que en casa empezaron a aparecer, para quedarse, palabras que jamás había escuchado antes. La primera fue bancarrota. Después vino otra que tampoco entendía, pero empezó a sentir; era desahucio. La tercera le agujereó para siempre su existencia; era suicidio. Después llegaron deudas, Hacienda, y un número que ni tan siquiera sabía escribir, pero se repetía alrededor suyo de forma machacona: 18000 euros. Hoy, con solo seis años, su vida se compone de palabras sin sentido, una madre desquiciada y decenas de cartas repitiendo el galimatías: “heredero de distintas cuentas pendientes con el Estado…”

lunes, 23 de diciembre de 2013

Vis a vis


Ella esperaba ansiosa sin saber qué contarle. Él caminaba nervioso, junto a dos funcionarios, repasando cómo comportarse. Fue suficiente un cruce de miradas para que él no reparara en que había desaparecido la melena rubia, y que la boca que parecía devorarle a través del papel se había esfumado. A ella no le importó su calva incipiente, ni que sus músculos se hubieran desinflado. Se olvidaron de las mentiras fotografiadas de sus cartas, para disfrutar de su primera cita. 
Apenas se rozaron, bastó con verse y oírse para abrir un paréntesis infinito en la soledad que invadía sus vidas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La llave


En cuanto le escuchaba pelearse con la cerradura, se acurrucaba suplicando que no la tocara. Lo de menos era que volviera borracho, con los bolsillos vacíos y otro gatillazo para su lista de conquistas a olvidar.

Ana tardó meses en descubrir que el vecino con el que cada mañana coincidía en el ascensor podía ofrecerla algo más que educación, y cinco minutos en llenar la maleta de los viajes largos. 

Anoche, cuando él regresó eufórico por haber mantenido una erección durante un minuto, abrió sin problemas la puerta. Aún no sabía que jamás volvería a abrir la de Ana.