jueves, 21 de enero de 2016

El azar de los juegos


Siempre que mi Jose escucha hablar sobre perineo, próstata o punto G, repite que eso es de maricones. ¡A él que ni de pequeño pudieron ponerle un supositorio! Pero ahora me tiene hecha un lío: la semana pasada acertamos una de trece, salimos a celebrarlo, y regresamos achispados. En casa, comencé a besarle, a mordisquear su cuello, orejas, pezones… y viendo cómo se excitaba me animé a explorar más allá. Aunque su mirada me fulminó al hurgar en sitios hasta entonces prohibidos, no paré hasta que estalló de placer. Desde entonces no me habla, pero apuesta de forma compulsiva.


viernes, 11 de diciembre de 2015

El rey del brillo

Un taburete, betún, ceras, cepillos, bayetas… Marcial, autoproclamado «rey del brillo» ofrece por cuatro euros conversación y zapatos en los que incluso se podría comer. Superviviente del arte de lustrar calzado sueña con que algún día cambie su suerte, y pueda disfrutar que otro se los limpie a él. Y como a veces los sueños se cumplen, dos años después abandonó su metro cuadrado de acera de la Gran Vía para enfundarse en un traje elegante y unos botines tan relucientes como la inscripción que reza en su lápida: «El símbolo de la elegancia es el zapato limpio».

Después de mucho tiempo sin colgar nada, os dejo hoy con esta historia con la que participé hace un par de meses en Esta noche te cuento. Se trataba de escribir un microrrelato que tuviera relación con los Epitafios.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Caducidad


Tras meses de mentiras, silencios y desprecios se han sentado a hablar. Después de los reproches, los sollozos y los besos han acordado que juntos podrán superar el muro que les aísla. Incluso han prometido encontrar esas nubes en las que siempre andaban subidos al principio de su relación. 
Al acostarse él ha vuelto a buscar la petaca de vodka que disimula en su mesilla y comprueba cómo la caja de preservativos avanza desbocada hacia su caducidad. Ella echa mano de las tabletas de orfidal y lexatin, para no recordar que su caja de los sueños caducó hace tiempo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Vacíos

Despliega su silla en medio de la plaza, abre la mesa de campo, y coloca con mimo el mantel. Tras una hora maquillándose de blanco la cara, y vistiéndose de negro riguroso, se pinta el bigotillo y ajusta el sombrero. Su último recurso para comer es sentarse frente a un plato vacío, con un tenedor del que cuelga un trozo de cordón. Con eso pocos días consigue las monedas suficientes para comer caliente. Con eso muchas noches cuando llega a su rincón del puente saca la silla, mesa y mantel, el plato vacío y el tenedor con el cordón.

La imagen está tomada de Internet


martes, 21 de julio de 2015

Donde se mata y se muere


Todas las noches despierta con las mismas imágenes incrustadas en su cabeza. Reptando, esquiva las balas hasta que consigue visualizar el objetivo. Entonces apunta y dispara varias veces sin titubear. Impasible ante los gritos que claman ayuda, tira por última vez, casi a quemarropa. Ese último fogonazo, que encierra horas de espera, minutos de riesgo y segundos de duda, le conduce hasta los premios, los informativos y la fama efímera. Pero nada compensa ese olor a sangre frita que ya siempre le acompañará, y aunque se repite que solo era un observador, revive llorando las imágenes de su cámara.

lunes, 29 de junio de 2015

Plantado en el paseo

En noviembre fue Caperucita, en diciembre Charlot y en enero alternó el disfraz de torero con el de lavandera. Este mes se ha pintado de verde y marrón, y adorna su cuerpo con ramas y hojas. Inmóvil, lleva posando durante horas atrayendo la atención de los turistas. Hoy es el único árbol en flor del paseo. 
Aún tardará en llegar la primavera y entonces alguien se percatará de que el tronco en el que recolecta las monedas está abarrotado, y que el hedor que desprende desentona frente al de los otros árboles que empiezan a florecer junto a él.


sábado, 13 de junio de 2015

Visitas no deseadas


Desde que el tío Jero, el patriarca, ha ingresado en el hospital, el desfile no cesa. Hijos, sobrinos, nietos, y conocidos del barrio abarrotan la sala de espera. En su habitación está Luis, un anciano que hoy, tras un mes operado, ha recibido la segunda visita de su familia. Esta vez tampoco han estado mucho tiempo porque no soportaban el jaleo de los vecinos. Antes de marcharse han puesto una queja en atención al paciente alegando que esas no son condiciones idóneas para recuperarse un enfermo. Luis sigue rezando cada noche para que las molestias de Jero no remitan.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La llamada de las nueve


Desde que Dolores se fue, su única compañía era el trabajo. Hace medio año tuvo que jubilarse y el miedo a morir solo comenzó a angustiarle. Entonces convenció a Antonio, un antiguo compañero, para que le telefoneara a diario; siempre a las nueve. Dejaba que sonara, descolgaba y volvía a colgar. Con eso era suficiente.

Anoche no sonó. Al comprobar que había línea los temblores y la asfixia le impidieron dormir. Hoy ha sabido que Antonio había fallecido. Un dolor agudo en el pecho le ha paralizado cuando, a las nueve en punto, el teléfono ha vuelto a sonar. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Mi madre se llamaba Carmen


Mi madre era la única del barrio que tenía todos los nombres imaginables: Tatiana, Olga, Anastasia… lo que me convertía en la envidia del colegio. Por eso no acallaba los rumores que la tachaban de ser una espía enviada por los rusos para salvarnos de Franco. Los padres de mis amigos la devoraban con los ojos, mientras que las madres sabían que aunque era alta, de piel clara, y pómulos prominentes, sus secretos no eran políticos. Jamás olvidaré sus besos al estilo ruso. Esos que me daba cada noche, antes de marcharse a trabajar, diciendo que eran solo míos.


lunes, 9 de febrero de 2015

Desnuda en la pecera


Cuando las luces se apagan, y la sala queda a oscuras, comienza su ritual. Primero se retoca el pelo y después va limpiándose la cara, los brazos, el pecho, las piernas, dejando para el final culo y pubis. Cuando al fin se siente limpia, espera a que las horas pasen y vuelvan a abrirse las puertas. Entonces se tumbará en escorzo, haciéndose la dormida, e intentará disolverse en la piedra mientras aguanta otro día más el manoseo de la clientela que disfruta de su cuerpo marmóreo e inerte saboreando un café en “La pecera” del Círculo de Bellas Artes.