lunes, 17 de marzo de 2014

Ácido


Nunca había pisado un laboratorio, ni se había puesto una de esas batas blancas que usan los que allí trabajan. Jamás le importó qué quería decir que su concentración fuese 12 molar, o su riqueza del 38% en peso. Desconocía qué era el pH, y tampoco sabía que servía para disolver metales, formar sales, desprender hidrógeno... Y sin embargo aquella mañana lo utilizó como el mejor de los químicos. Masticando el odio acumulado durante los últimos meses se quedó observando cómo se fundía aquel rostro que tantas veces había acariciado, seguro de que esa marca la acompañaría para siempre.


martes, 21 de enero de 2014

Musas familiares


Todas las mañanas sale a la calle buscando historias inspiradoras. Primero visita el bar de su amante y escucha las conversaciones de los otros clientes. Después sube al metro y observa el comportamiento del resto de viajeros. Para acabar se acerca a la oficina del Inem y escruta la desesperación de los que allí aguardan. Casi todos los días regresa desesperado, sin ideas aprovechables para sus microrrelatos. Mientras tanto su hija de quince años chatea con un cincuentón; su hijo esnifa unas rayas para salir de fiesta, y su mujer aliña la comida entre lingotazos de anís y antidepresivos.


viernes, 3 de enero de 2014

Sinsentido

Su vida era feliz hasta que en casa empezaron a aparecer, para quedarse, palabras que jamás había escuchado antes. La primera fue bancarrota. Después vino otra que tampoco entendía, pero empezó a sentir; era desahucio. La tercera le agujereó para siempre su existencia; era suicidio. Después llegaron deudas, Hacienda, y un número que ni tan siquiera sabía escribir, pero se repetía alrededor suyo de forma machacona: 18000 euros. Hoy, con solo seis años, su vida se compone de palabras sin sentido, una madre desquiciada y decenas de cartas repitiendo el galimatías: “heredero de distintas cuentas pendientes con el Estado…”

lunes, 23 de diciembre de 2013

Vis a vis


Ella esperaba ansiosa sin saber qué contarle. Él caminaba nervioso, junto a dos funcionarios, repasando cómo comportarse. Fue suficiente un cruce de miradas para que él no reparara en que había desaparecido la melena rubia, y que la boca que parecía devorarle a través del papel se había esfumado. A ella no le importó su calva incipiente, ni que sus músculos se hubieran desinflado. Se olvidaron de las mentiras fotografiadas de sus cartas, para disfrutar de su primera cita. 
Apenas se rozaron, bastó con verse y oírse para abrir un paréntesis infinito en la soledad que invadía sus vidas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La llave


En cuanto le escuchaba pelearse con la cerradura, se acurrucaba suplicando que no la tocara. Lo de menos era que volviera borracho, con los bolsillos vacíos y otro gatillazo para su lista de conquistas a olvidar.

Ana tardó meses en descubrir que el vecino con el que cada mañana coincidía en el ascensor podía ofrecerla algo más que educación, y cinco minutos en llenar la maleta de los viajes largos. 

Anoche, cuando él regresó eufórico por haber mantenido una erección durante un minuto, abrió sin problemas la puerta. Aún no sabía que jamás volvería a abrir la de Ana.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Ajipedobes


Esta entrada es mi propuesta para el reto de noviembre de Esta noche te cuento. Esta vez se trataba de inventar una palabra y yo he tomado Ajipedobes, palabra que realmente no he inventado. Si quieres ver de dónde procede la palabra, y las coplillas que vienen en cursiva, puedes leer primero la historia y luego visitar este enlace.


AJIPEDOBES
Él no se llamaba Carlos, ni la necesitaba como amante para trepar en su profesión. Ella no se llamaba Luisa, no pertenecía a la realeza, y la bastaban los ratos que él le proporcionaba en la cama para sentirse como una reina. 

Mi puesto de Almirante 
me lo dio Luisa Tonante, 
ajipedobes la doy 
considerad donde estoy… 

Por suerte no vivieron a principios del siglo XIX, y hoy ella sigue disfrutando a diario de su ración de ajipedobes. 

La realeza te hizo muchos favores 
y tú sólo le diste ajipedobes. 
Anda, Luisa, 
pronúncialo a la contra; verás qué risa.



martes, 12 de noviembre de 2013

Los abrazos del poeta


Cuando las vecinas le preguntaban qué había ocurrido con sus brazos contaba que se los entregó en África a un león, ansioso por devorarle, para poder escapar. En el bar de la esquina decía habérselos dado al mequetrefe que plagiaba sus obras, para que así pudiera firmarlas con sus propias manos. En las tertulias del café teatralizaba todo aún más y a diario inventaba historias nuevas. Nadie sabía qué le había pasado, ni tan siquiera él quería recordarlo. Al acabar el día, cuando llegaba al cuarto de su pensión, lloraba desconsolado por no poder abrazar más a su amada.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Pesadilla

(La foto está tomada de la red)

Cada mañana se levantaba recordando ese sueño incomprensible que le acompañaba los últimos meses. En él se veía como una persona querida por todos, rodeado de felicidad y paz, en un mundo en el que nadie era más que nadie. En cuanto ponía los pies en el suelo se vestía con su uniforme, mandaba que le prepararan un café bien cargado y se marchaba a su despacho. Le bastaba con empapar de tinta su pluma y firmar un par de sentencias de muerte para conseguir que esas pesadillas recurrentes, que tanto le atormentaban, desaparecieran al instante de su cabeza.



viernes, 25 de octubre de 2013

Instantes

La foto está tomada de Internet

Sus miradas tiernas eran para la chica, con cara de niña mala, que cada mañana viajaba frente a él en el metro. Sus palabras cálidas las guardaba para su compañera de trabajo, una de esas mujeres que harían perder la cabeza a cualquiera. Los whatsapp más picantes siempre iban dirigidos a la novia de su mejor amigo, y la camarera del bar donde comía a diario era la receptora de sus besos más apasionados. Al llegar a casa se sentaba con su mujer frente al televisor y recordaba que los mejores momentos del pasado siempre estaban relacionados con ella.


viernes, 18 de octubre de 2013

Escrito de negro



(El siguiente microrrelato está inspirado en la fotografía que acompaña a esta entrada. Se trata del reto “Viernes creativo” del blog “Escribe fino”)

Tras meses de búsqueda el asesino en serie de escritores, incapaz de absorber el talento de su última víctima, decidió entregarse. Sin remordimiento alguno, relató a los agentes cómo fue cortándole los dedos al Nobel de Literatura siguiendo su ritual macabro. Pero esta vez, tras el tercero, comprendió que algo no iba bien. Supuso que sería zurdo y cambió de mano. Le amputó dos más, pero siguió sin sentir nada. Entonces supo la verdad. Mientras que la policía sigue sin explicarse por qué le dejó vivir, el escritor se recupera del trauma sin importarle el no poder escribir más. 


P.D. "Última cena" es mi último microrrelato publicado "Entre vueltas de tuerca"