MEl mendigo sin brazos que agita el vaso de plástico pidiendo para comer; el inmigrante sin papeles que patea la ciudad buscándose la vida; el matrimonio sin suerte ni liquidez que acaba desahuciado bajo un puente; el parado sin familia a la que acudir cuando su mujer se largó con sus hijos y aquel supuesto amigo; el muchacho sin nadie a quien contar las penas salvo al cartón de Don Simón. Todos ellos sin futuro, compartiendo cama bajo el cielo estrellado, objetivo de una pandilla de muchachos sin escrúpulos y sin corazón que disfrutan sintiéndose los jueces del mundo.

Sin palabras. (2)
ResponderEliminarSalu2.
Pero sus actos no quedarán SIN justicia. Aunque unos pierden más que otros, es un reparto de "penas" no equitativo.
ResponderEliminarMUY BIEN.
Miguel
Has pensado en el ejercicio CON que te propuse??
ResponderEliminarUn abrazo.
Sin comentarios.
ResponderEliminarUn saludo.
Dyhego, Víctor, esperemos que la sinrazón de esos "sin escrúpulos" acabe alguna vez.
ResponderEliminarAnapedraza (Miguel) eso es lo que nos queda.
Torcuato lo tengo en cuenta. A ver si me pongo con ello y veo qué sale.
Saludos
Muy bueno, y me sumo a la propuesta de Torcuato. La manera de plantear la narrativa puede cambiar el sentido del mismo argumento.
ResponderEliminarSaludos
Esos niñatos si que no tienen liquidez en su corazón.
ResponderEliminarBlogsaludos
Hay algunos SIN verdaderamente tristes e injustos, pero hay otros SIN que a veces son verdaderas liberaciones.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo, ahora se podría hacer uno de CON.
Besos, Miguel.
Su, Irene, al final vais a hacer que me lo plantee de verdad. El problema es que me salen mejor las cosas negativas, no sé porqué.
ResponderEliminarAdivín Serafín, ¿corazón? ellos no usan de eso.
Saludos
Este relato lo publiqué previamente en El Microrrelatista. Os dejo el enalce por si queréis mirar los comentarios que allí surgieron.
ResponderEliminarhttp://elmicrorrelatista.blogspot.com/2010/06/sin.html