martes, 20 de diciembre de 2016

Caprichoso azar


María soporta indiferente otro chaparrón de gritos cargados de insultos y amenazas. Ya hace tiempo que su corazón dejó de sentir. Desde la puerta de la calle su marido sentencia que ésta es la definitiva, que no aguanta más. No puede perdonarla que haya lavado los pantalones con el décimo que habría cambiado su vida. Cuando él da el portazo definitivo, María arroja a la basura el billete de lotería destrozado. Entonces toca el bolsillo de la bata y comienza a sonreír. Abre el periódico, comprueba de nuevo los números, y la sonrisa se convierte en una carcajada interminable.

3 comentarios:

  1. Jajaja coincido con Torcuato, aunque a mi me salió una expresión menos correcta :-)

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  2. Como se dice, no hay mal que por bien no venga.

    Saludos!

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