miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cadáver

En sus dientes agonizaba el último padrastro, cuando el luminoso anunció el siguiente tren. Recorrió cabizbajo el andén esquivando las miradas de los demás viajeros para ahuyentar la tentación de echarse atrás. Cuando el Cercanías asomó por el túnel, las risas y los gritos de unos niños le hicieron alzar mecánicamente la vista. Al verlos comprendió que ellos no se lo merecían. Ojeó los pellejos infectados de sus dedos y escupió el trozo de uña que reservaba para el final. Entonces dio marcha atrás y se largó. No era necesario saltar; hacía tiempo que la vida le había arrollado.


1 comentario:

  1. Esos gestos de valentía mal interpretada, se llevan a muchos chavales de la manera más boba.

    Buen texto. Un saludo

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