lunes, 30 de enero de 2012

Fe


Aún no llevaban el año juntos, cuando ella comenzó a percibir síntomas de que algo no iba bien. Primero fue la falta de comunicación, después comprobar el desinterés que él mostraba por todo y esa sensación extraña cuando la miraba como si fuera a traspasarla. Luego llegaron los golpes incontrolados y repetitivos y por último, su rigidez ante sus abrazos. Aunque sus amigas la compadecen y a veces se le escapa alguna lágrima, no tiene tiempo para lamentaciones y sólo piensa en él. Quizás nunca lleguen a entenderse pero mientras exista una remota posibilidad seguirá peleando por su hijo.


viernes, 27 de enero de 2012

Dos antologías de microrrelatos se acuerdan de "En 99 palabras"




Acabo la semana con un poco de autobombo, que de vez en cuando tampoco está mal. Aprovecho esta entrada para comentaros que acabo de enterarme de que el escritor mexicano José Manuel Ortiz Soto ha elegido uno de mis microrrelatos "Los pecados del viajero" (pag. 79) para formar parte de la antología titulada "De viaje" en la que aparecen 117 autores, con sus respectivos micros, acompañados de los dibujos de Juanlu.
Pincha aquí para leer "De viaje" 


Esta alegría se suma a la que recibí hace unos días cuando la revista Internacional Microcuentista también publicó otro microrrelato mío, en este caso era "Recuerdos de la feria" (pág. 59), en la antología titulada "Grandes Microrrelatos 2011"
Pincha aquí para leer "Grandes Microrrelatos 2011" 


Aunque la mayoría de los que visitáis el blog conocéis de sobra estas dos recopilaciones de microrrelatos os dejo el enlace a ambas para aquellos que estáis menos metidos en todo este mundillo.


lunes, 23 de enero de 2012

Semillas muertas


Lo intentaba cada primavera, ignorando las burlas conyugales, pero había perdido su mano con las flores, nunca conseguía hacerlas brotar. Quizás las risas de Antonio desaparecerían si intuyera que, siendo muy joven, Ana trabajó en un cortijo donde se enamoró de las plantas y del propietario. El gesto se le torcería al descubrir que cuando consiguió que tanto las plantas como su vientre florecieran, fue despedida. Las risas se volverían lágrimas si supiera que la obligaron a perder su fruto en condiciones humillantes. Y se transformarían en odio si conociera que ni el jardín ni ella germinarían nunca más.


P.D. La foto está tomada por la zona de Malasaña.

lunes, 16 de enero de 2012

De cartón piedra



Cada noche, mientras Madrid dormía, soñaba que aquel cuerpo perfecto era sólo suyo. No le importaba parecer extravagante o inadaptado, estaba harto de su vida aburrida. A diario disfrutaba viéndola a través del escaparate, entre carteles de rebajas, comprobando lo bien que le sentaba cualquier modelo. Anhelaba besarla y bailar con ella una canción de Serrat. Por eso, aunque sospechaba el revuelo que se armaría, abandonó su estatismo y lanzó aquel pedrusco contra el cristal. No pudo ni tocarla, al instante se lo llevaron. Desde entonces espera, acumulando polvo en un almacén, que cualquier día ella venga por él.


P.D. La foto está tomada en la plaza de Jacinto Benavente.


lunes, 9 de enero de 2012

Capítulo 15 de Cienmanos: La Procesión de la Buena Muerte



Aunque la mayoría de los que leéis este blog ya conocéis el proyecto, os dejo con el capítulo 15 de la micronovela conjunta "Cienmanos" que me ha tocado a mí escribir. La ilustración que acompaña al texto es de Isabel Garmon.





La Procesión de la Buena Muerte
Paula tomó las manos de Sebastián y comenzó a acariciarlas tímidamente, apenas le conocía pero no soportaba verlo llorar. En ese momento comprendió que los brebajes, las cuartillas y los saltos en el tiempo carecían de importancia; cada vez tenía más claros cuáles eran sus sentimientos y había llegado el momento de mostrarlos. Pensó un instante en Bruno y supo que él lo entendería. Se aproximó hasta Sebastián y con una mezcla de miedo y ternura lo besó. Al principio él no reaccionó, pero después hizo suyo ese beso y durante los siguientes minutos la única química que hubo en aquel café fue la que surgió entre ellos. 

Terminados los besos y las caricias pagaron la cuenta y salieron a la calle. Nada había cambiado allí fuera: los soportales de la plaza, el Ayuntamiento, el conde Ansúrez… todo seguía igual, pero Paula notaba un encanto especial, que nunca antes había percibido, en todo lo que les rodeaba. Cogidos de la mano tomaron la calle de Santiago y se encaminaron, en silencio, hacia la casa de Emilio; ya habría tiempo para otros asuntos más íntimos. Sin embargo no iban solos, tras sus pasos se fue formando una pequeña procesión. A muy pocos metros caminaban dos hombres enfundados en unas largas gabardinas negras y algo más atrás una sombra encorvada, apoyada en un bastón, trataba de no perder el paso. Cuando Paula y Sebastián llegaron a la altura del cruce con la calle Atrio de Santiago los hombres de las gabardinas les abordaron. Apenas hubo tiempo para la sorpresa. Primero unos gritos ahogados y segundos después dos disparos, terminaron con la tranquilidad de aquella noche fría de noviembre. 

Ilustración de Isabel Garmon 
Texto de Miguel Ángel Molina

sábado, 7 de enero de 2012

La fiesta de las rebajas



Ni Navidad, ni Nochevieja, ni Reyes, su fecha era el siete de enero. Ese día se pintaba, se ponía su mejor abrigo y se lanzaba a las rebajas. Era la que mejor daba los codazos, revolvía la ropa como nadie, comparaba metódicamente los precios con los apuntados en días anteriores y se probaba todo. Al atardecer regresaba orgullosa del conjunto de braga y sujetador comprado por cinco euros. Era suficiente. Desde que su Paco la abandonó sólo le quedaron deudas y soledad; las rebajas eran el único día en el que podía sentirse como una más entre las demás.



martes, 3 de enero de 2012

¿Feliz año nuevo?



Cuando el reloj de la Puerta del Sol da la última de las campanadas los gritos y cohetes, que invaden las calles, retumban con estrépito en la casa de los Domínguez. En contraste con esta algarabía los tres miembros de la familia brindan, casi en silencio, por la llegada del nuevo año. Poco tienen que ver los deseos que cada uno de ellos pide antes de cada brindis. Esa disparidad contrasta con la unanimidad existente entre sus eternos invitados: las lágrimas del niño y los moratones de la madre sólo anhelan que el nuevo año acabe lo antes posible.