viernes, 2 de diciembre de 2011

Trémulo.



Por fin quietas. Se miró las manos y vio que habían dejado de temblar. Después de varios días soportando ese seísmo interno que le hacía estremecerse, de aguantar las voces que le reventaban la cabeza, y de reprimir todos aquellos impulsos asesinos que le atormentaban, sus manos habían encontrado la paz. A su lado las cajas de medicamentos se desparramaban por el suelo y se unían al caos que invadía la cocina. Frente a él, sentada contra la pared, estaba Elisa mirándole con los ojos desencajados. Esa fue la última imagen que tuvo de ella. Después todo fue oscuridad.


10 comentarios:

  1. Menos mal que mis voces no son agresivas.

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  3. Porque si no habría más víctimas. El relato me gusta.

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  4. Jope Miguel... un micro desolador, uff.
    Aunque la verdad es que la frase de inicio invitaba porque dejaba entrever que algo anterior -en movimiento- nos tiene fritos (bueno, al prota). Muy buen intento.
    Besos

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  5. Podía haber optado por cortar a la altura de las muñecas. "Por fin quietas sobre la mesa, supo entonces que ya no harían daño a nadie". Aunque claro, después de cortarse la primera es difícil hacerlo con la segunda... mmmm hay que perfeccionar esta idea. Perdón por el desvarío.
    saludillo

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  6. Rocío eso de las manos quietas daba juego para pensar en una historia como ésta, pero de todas formas no me salió todo lo bien que hubiera deseado. Besos.

    Puck el problema es que nunca les da por ahí, aunque creo que en este caso el final no es tan bueno para él como pudiera pensarse. Más bien al contrario. Saludillos

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  7. Un micro que crea cierto desasosiego, tal vez el mismo que invade al protagonista. Un buen intento.

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  8. Dan terror esas manos...Podían suicidarse antes de hacer daño a los demás.

    Besos desde el aire

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  9. GRacias Maite de vez en cuando sigo intentándolo.

    Rosa me parece que ya lo han hecho por él.

    Saludos

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