Las alas de plástico que le regalaron en la catequesis servían para volar, comulgar pasaportaba al cielo y la confesión diluía los pecados. Cada domingo acudía a misa, vestido como un ángel; cada mañana, al levantarse se persignaba y besaba la estampita con la que dormía. Creció con la ilusión de conocer al Señor, hasta que su guía espiritual le enseñó caminos desconocidos para alcanzarlo y sus sueños desaparecieron. Hoy, cada madrugada, antes de que Madrid despierte, se dirige al Retiro. Allí se desnuda, se embadurna de pintura y sube a un pedestal para que los curiosos lo fotografíen.

Durísimo post. Así desnudo, a la vista de todos. Desnudo ante el mar.
ResponderEliminarUn abrazo
Misteriosos y oscuros, son los caminos del...
ResponderEliminarSaludos,
J.