jueves, 24 de agosto de 2017

Por honor

La foto está tomada en la azotea del Círculo de Bellas Artes

Su lealtad al emperador, el acatar las órdenes y la deshonra de rendirse superaban al deseo de regresar a casa. Así, cuando supo que la guerra había terminado, siguió defendiendo aquella isla. Alimentándose de sapos, anguilas y ratas vivió solo hasta que treinta años después le encontraron unos soldados. Entonces pensó en que su familia quedaría marcada por ser un perdedor y, de rodillas, clavó su daga en el abdomen. No hubo sake, ni yuigon, pero murió honrando a los suyos. De pequeño le inculcaron que quienes se aferran a la vida mueren, quienes desafían a la muerte sobreviven.


3 comentarios:

  1. Jolín. Ignoro qué tanto honor buscaba. Pesó demasiado no querer volver a casa tal vez.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Perdió el juicio, pero de una manera poética.

    Saludos y saludes.

    ResponderEliminar