martes, 7 de febrero de 2017

Converso


Al levantarse acurruca bajo la almohada su bondad y amor, después arropa con mimo la humildad y la amabilidad. Ahora ya puede ponerse la ropa negra, la cartuchera y empuñar el fusil.
Hace dos meses era un profesor anodino incapaz de matar una mosca, hoy ansía matar por su nuevo Dios. Ha pasado de enseñar integrales, determinantes y trigonometría, a aparecer en televisión luciendo orejas colgadas de su uniforme.
Asegura que su Dios todo lo perdona, pero cada noche cierra las ventanas de su refugio. No quiere que el recuerdo de cómo era antes de convertirse escape mientras duerme.

1 comentario:

  1. Es sabido que a mucha gente le falta pasión en su vida, pero encontrar ese ardor en la religión es dar un traspié.

    Saludos!

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