martes, 24 de enero de 2017

Al descuido

Camina firme entre el gentío, listo para una nueva faena. Apoya la muleta en el brazo izquierdo y fija la vista en su objetivo. Paso a paso se arrima con temple hasta su víctima, y cuando ya puede sentir su aliento estira el brazo para rematar la suerte. Es ahí cuando una voz grave le sorprende y le hace retroceder: “O sacas esa mano de ahí, o te la corto”. No son avisos como en los toros, sino unos pitidos, los que le permiten salir airoso. Sale raudo del vagón, haciéndose el despistado, y decide esperar una nueva oportunidad.


1 comentario:

  1. Por algo dicen que soldado que huye sirve para otra guerra, ¿no te parece?

    Saludos,

    J.

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