jueves, 23 de febrero de 2017

Confesiones


Cada noche Eva recorre las calles ofreciendo mantas, calcetines, comida caliente y tiempo para escuchar a mendigos, prostitutas y a todos aquellos que malviven por el centro de la ciudad. Al día siguiente, acude a su terapeuta para superar a base de diván su última separación. Cuando el psicólogo termina la jornada, baja al bar y sólo, en un rincón, toma un cubata tras otro. Luego, antes de regresar con su familia, hace la parada obligatoria en la esquina de siempre y sube a la pensión con Davinia, siempre dispuesta a oír los problemas que le ahogan en casa.


2 comentarios:

  1. Todo tenemos, al menos, un problema que no podemos desahogar si no es con la persona adecuada.

    Saludos,

    J.

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  2. Un penoso círculo vicioso, de problemas y de apariencias.

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