martes, 14 de marzo de 2017

Carroña


Detecta la presa a lo lejos y espera. Paladea su forma de caminar, mientras saborea el whisky. Sin duda, es una buena jaca. Según se aproxima constata su belleza. Ya no se ven mujeres así. Cuando la tiene a unos pasos se percata del moratón que intenta ocultar con las gafas. Fastidiado chasquea la lengua, ninguna es perfecta. Él la agarra por la cintura, ella saluda con una mueca forzada y un beso fugaz. Entonces, mientras aspira su aroma, él susurra la frase de los reencuentros: “Venga cariño, no seas rencorosa. Ya sabes cómo me pongo cuando me enfado”.

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