lunes, 16 de enero de 2017

Vertiginosos


Él subía empujado por la muchedumbre, ella bajaba desbocada para alcanzar el metro. Minutos después de chocar tomaban café, de dos sorbos, en una hamburguesería y en cuatro meses legalizaban con un sí quiero la llegada del primer niño. Hoy siguen corriendo. Debido a sus horarios solo hablan por teléfono, pero siempre algo ineludible les obliga a colgar. Ya en casa, en la poca intimidad robada a sus hijos pequeños, ella finge sus orgasmos para dormir cuanto antes, y él procura derramarse rápidamente para consultar su agenda. Prometieron amarse siempre, pero su “toda la vida” pasó a la carrera.


2 comentarios:

  1. Un buen cuadro de la realidad. Cuándo aprenderemos a correr menos y a sentir más?

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