martes, 1 de septiembre de 2015

Vacíos

Despliega su silla en medio de la plaza, abre la mesa de campo, y coloca con mimo el mantel. Tras una hora maquillándose de blanco la cara, y vistiéndose de negro riguroso, se pinta el bigotillo y ajusta el sombrero. Su último recurso para comer es sentarse frente a un plato vacío, con un tenedor del que cuelga un trozo de cordón. Con eso pocos días consigue las monedas suficientes para comer caliente. Con eso muchas noches cuando llega a su rincón del puente saca la silla, mesa y mantel, el plato vacío y el tenedor con el cordón.

La imagen está tomada de Internet


3 comentarios:

  1. Hay gente con recurso, otros ni mesa tienen. Un abrazo, escritor.

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  2. Duro y tierno ala vez. Puramente tuyo. Un tierno puñetazo de realidad social embellecida sin perder la dureza y con un punto de esperanza.
    Salud.

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  3. Desgarrador, conmovedor y sencillamente, fantástico. Me ha gustado mucho.
    Un saludo!

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