jueves, 26 de julio de 2012

La verdadera crisis

Cada vez más personas buscan comida en las basuras y la lista del paro alcanza máximos históricos, pero eso no es lo que le quita el sueño. La prima de riesgo supera los seiscientos puntos y el IVA se dispara, pero sus miedos son ahora otros. Las manifestaciones son cada vez más multitudinarias, pero él no sale de casa. Mientras que el país se rebela porque todo sigue subiendo, esa crisis no es la que a él le obsesiona. Hace una semana cumplió los cuarenta y lo único que no sube es lo que a él más le preocupa.

martes, 17 de julio de 2012

Letra pequeña



La cara amable y honrada, en la que siempre había confiado, le sonreía mientras estampaba sus huellas bajo esas letras minúsculas que no entendía y que apenas podía ver. Son esas mismas letras las que ocultan una sorpresa mayúscula que terminarán con sus cuarenta años de sacrificio y trabajo. 
La cara indolente que ahora se esconde en su oficina y la rabia de sentirse engañado, son suficientes para esperarle a la puerta del banco. Por grande que sea la condena, estará libre cien años antes de que hubiera podido recuperar el dinero que le han robado de forma preferente.
  


P.D. La foto está tomada en el Parque Tierno Galván.



lunes, 9 de julio de 2012

El poder de la imaginación


Jesús llega a casa, después de estar tres días fuera, esperando recuperar cada minuto perdido. Nada más entrar comprueba que, como de costumbre, sus hijos están a lo suyo y ni perciben su llegada. Su mujer, hastiada de lidiar con ellos, le recibe con una cara que le llega al suelo y le niega el beso de bienvenida. Él, acostumbrado a ese recibimiento, se encierra en su despacho, deja en un rincón la bolsa con los regalos y enciende el portátil. Hoy es un buen día para empezar otro de sus best-sellers en los que siempre triunfa el amor.


miércoles, 4 de julio de 2012

Profesional



Antes de marcharse al trabajo se duchaba, se afeitaba, eliminaba los pelos que le nacían en las orejas, se cortaba las uñas y se las limaba. Era necesaria una pulcritud extrema para rendir al máximo. A continuación se ponía su ropa más elegante, se echaba fijador, se hacía la raya al lado derecho y por último se masajeaba las manos. Al llegar a su puesto se enfundaba un sayo negro que le tapaba hasta los pies, y un capuchón, con dos agujeros a la altura de los ojos, del mismo color. Después tomaba el hacha y comenzaba la faena.


P.D. La foto no es mía, está tomada de la red.