domingo, 8 de julio de 2018

Garrincha

Esta es mi aportación para el concurso de Zenda #historiasdefútbol



Para poder comer se jugaba en el recreo el bocadillo que no tenía, sorteando finta tras finta a los que intentaban quitarle el balón. Regateando rivales para sobrevivir, llegó a profesional y consiguió con sus gambetas que su país olvidara la tristeza y el hambre. Él, incapaz de burlar a unos defensas infranqueables llamados tabaco, alcohol y mujeres, jamás fue feliz. En su vida luchaban el bien y el mal, pero siempre perdía él. Murió joven, pobre y alcoholizado, abandonando hijos, amantes y cuentas impagadas. Una multitud enfervorizada acudió a su entierro. Su tumba solo la visita el olvido.

2 comentarios:

  1. La fama. Torear el hambre es una buena escuela para triunfar. La pena es que llegar a la fama y ganar mucho dinero puede hacer que no se digiera.

    Buen post, factible por completo. Un abrazo

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  2. La vida de ese genio del fútbol en 99 palabras. Fantástico micro, Miguel. Saludos!

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