lunes, 9 de febrero de 2015

Desnuda en la pecera


Cuando las luces se apagan, y la sala queda a oscuras, comienza su ritual. Primero se retoca el pelo y después va limpiándose la cara, los brazos, el pecho, las piernas, dejando para el final culo y pubis. Cuando al fin se siente limpia, espera a que las horas pasen y vuelvan a abrirse las puertas. Entonces se tumbará en escorzo, haciéndose la dormida, e intentará disolverse en la piedra mientras aguanta otro día más el manoseo de la clientela que disfruta de su cuerpo marmóreo e inerte saboreando un café en “La pecera” del Círculo de Bellas Artes.


2 comentarios:

  1. Esta escultura siempre provoca esa inquietud de qué hará cuando no la ven. Puede ser lo que dices, yo imaginaba que buscaba una silla con respaldo todaaaa la noche, para leer. :-)

    Un abrazo

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