miércoles, 19 de abril de 2017

21 de enero de 1875

Como no surgen nuevas ideas, aprovecho para colgar este microrrelato, que tiene algunos cambios respecto al que publiqué hace unos años.


Desde la calle de la Bolsa, donde servía, la muchacha fue callejeando sin rumbo hasta topar con aquella mole inmensa de hierros, recién inaugurada. Al tocar la barandilla del Viaducto, se desvanecieron las broncas y desprecios de los señores. Tras asomarse decidió que su novio del alma, el del amor eterno, ya podía disfrutar de la otra. Respiró hondo, recordó las llanuras de su pueblo, y sintió cómo los tejados interminables de ese Madrid que la acogió, pero nunca la quiso, la invitaban a ser la primera en algo. No lo dudó. Al instante fue libre como un pájaro.


2 comentarios:

  1. Un microrrelato inspirador. Muy bueno, en verdad.

    Saludos y saludes.

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  2. ¿Qué pasará cuando descubramos que los pájaros no son libres?

    Saludos,

    J.

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