miércoles, 28 de septiembre de 2016

Agosto nunca existió


Observo tu fotografía, e imagino que estamos en nuestro bar charlando y besándonos. Sigo creyendo que julio es interminable, y que agosto nunca existió; que sonará el teléfono, bajaré y estarás esperándome para caminar abrazados. 

Te juré odio eterno si me dejabas, pero jamás lo pensé así. Por eso al despertar con esa pesadilla del camionero dormido invadiendo el otro carril, entro en tu whatsapp buscando un cambio en tu estado, o en la foto de perfil. Bajo al bar, te pido un refresco y apuro cerveza tras cerveza hasta que los hielos se derriten. Entonces vuelven las lágrimas.


martes, 20 de septiembre de 2016

Sanguijuelas


De madrugada se reparten al azar, muletas, cojeras, cabestrillos, cartones repletos de faltas de ortografía y cojines para las nuevas embarazadas. Durante el día hay quienes mendigan vagando por la calle, algunos limpian cristales de coche en los semáforos, otros los bolsillos de los más despistados. Por la noche se despojan de sus utensilios, los guardan con mimo y se acercan en fila hasta su compatriota, el trajeado. Entonces le entregan toda la calderilla recaudada y él les devuelve una mínima parte. Ellos, sin rechistar, se marchan a dormir hasta que unos manotazos les despierten para comenzar de nuevo.


martes, 13 de septiembre de 2016

Proyectos frustrados


Cada mañana, al levantarse, se dirige a su despacho y abre el cajón donde se acumulan decenas de pagarés que ya jamás cobrará. Junto a ellos se apolillan los planos de urbanizaciones, polideportivos y edificios, todos con su rúbrica, que o se quedaron a medias o nunca pudo comenzar. Regresa al dormitorio y la ve dormir. Entonces piensa en su relación, legalizada por papeles y firmas, ratificada por “en la salud y en la enfermedad”, “hasta que la muerte os separe” y un solemne “sí quiero”. Después sale al patio y teclea en el móvil el teléfono de Alicia.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Soledad

Esto más que un microrrelato, es un homenaje. Para ti.


“Soledad, es tan tierna como la amapola, que vivió siempre en el trigo sola,…” Mi tío arrancaba con las primeras estrofas y los demás esperábamos al estribillo para acompañarle: “Pero yo la quiero así distinta, porque es sincera, es natural como el agua que llega, corriendo alegre desde el manantial,…” 
Era el contrapunto nostálgico a la alegría que desbordaba nuestras celebraciones familiares. Hoy, pasados los años, y cuando más feliz estoy, vuelvo a tararear la canción y a recordarle: “…tan bella como una paloma y tan clara como el sol que asoma, por entre los matorrales, ay mi Soledad”