viernes, 7 de octubre de 2016

Dedos


Con ella no hace falta leer entre líneas, ni buscar doble sentido a las palabras. Cuando necesita sexo se tumba en la cama, arquea la espalda y entrecruza los dedos apoyándose en la cabeza: es la señal. Él duda, pero sale de la habitación diciendo que regresa enseguida. Tras escapar, se sienta en el sofá y va cambiando de canal: del derbi del siglo a la última de romanos. Así, mientras él observa al árbitro señalar el punto de penalti o al emperador bajar el pulgar, ella se desnuda y deja a sus dedos deslizarse amorosamente por su cuerpo.



3 comentarios:

  1. Nunca nadie dijo que el sexo debía de ser compartido...

    Saludos,

    J.

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  2. El sexo con uno mismo no debiera desaparecer con la convivencia. Lo defines con la ternura de quien, por amor, acepta que ella, en este caso, busque su orgasmo por sí misma.

    Me encantó . Un abrazo

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  3. Vaya por Dios. Ella no tardará en buscar.

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