lunes, 26 de enero de 2015

Último deseo


Cuando escucha esa voz enérgica, dirigiéndose a él, los recuerdos se le amontonan: las noches de Reyes en vela para ser el primero en comprobar si le habían traído lo que había pedido; aquellas Nocheviejas en las que suplicaba que el año entrante fuera benévolo para que su familia recolectara lo suficiente para subsistir otro año; las madrugadas compitiendo con las estrellas fugaces para que su compañera de clase se fijara en él… Todos esos momentos desaparecen cuando esa voz le devuelve a la realidad. Entonces decide cambiar su deseo por un escupitajo hacia los fusiles que le apuntan.


lunes, 19 de enero de 2015

Días de hambre


Tumbada en la cama escucha cómo los sollozos interminables de su vecina, recordando a sus hijos muertos en el frente, se confunden con el rugido de sus tripas, como tuberías llenas de aire. Hasta hace poco también oía maullar a su gata, pero ya no la siente por casa. Aunque cree que lleva escuchando los mismos sonidos durante días, debe estar equivocada porque su habitación continúa a oscuras. El hambre la corroe y por enésima vez le grita a su madre si ya puede levantarse. Mamá siempre responde lo mismo: “duerme un poco más hija, aún es de noche”.

miércoles, 7 de enero de 2015

Afilador


Siempre va acompañado de un sonido continuo y armónico, que sube de tono y calla violentamente. "El afilador, ha llegado el afilador". Desde que ha visto la noticia en el periódico, empuja dubitativo su bicicleta y toca su chiflo distinto a lo habitual. No se olvida de la imagen de un cliente suyo en la portada del periódico y le acongoja leer que mató a su amada con el cuchillo que él le había afilado. Por eso ha decidido que desde hoy debe girar con más ahínco el esmeril, le avergüenza que el asesino haya necesitado apuñalarla treinta veces.


jueves, 1 de enero de 2015

El poder de la comunicación


Harto de que en su relación la cama solo sirviera para dormir, Marcial encontró en la radio a la sustituta perfecta. No calmaba sus instintos libidinosos, pero al menos le relajaba. Cada noche se dormía, acariciándola bajo la almohada, mientras Laura descansaba. Ella le dejó hacer pero anoche, en cuanto le oyó encenderla, fue a por Marcial vestida con su perfume favorito. Él, hinchado de deseo, comenzó a explorar aquellas curvas tan añoradas hasta que, con rapidez pasmosa, ella le quitó la radio y dio media vuelta. Cuentan que hacía años que Laura no disfrutó tanto en la cama.