martes, 21 de julio de 2015

Donde se mata y se muere


Todas las noches despierta con las mismas imágenes incrustadas en su cabeza. Reptando, esquiva las balas hasta que consigue visualizar el objetivo. Entonces apunta y dispara varias veces sin titubear. Impasible ante los gritos que claman ayuda, tira por última vez, casi a quemarropa. Ese último fogonazo, que encierra horas de espera, minutos de riesgo y segundos de duda, le conduce hasta los premios, los informativos y la fama efímera. Pero nada compensa ese olor a sangre frita que ya siempre le acompañará, y aunque se repite que solo era un observador, revive llorando las imágenes de su cámara.