jueves, 24 de junio de 2021

Él último tren

 


EL ÚLTIMO TREN

(con esta historia participo en el concurso de Zenda 

#SueñosdeGloria)

 

La casualidad quiso que Margarita y Timoteo nacieran el mismo día. Como eran los únicos niños de aquel rincón perdido, y sus casas estaban puerta con puerta, crecieron juntos. Vivían en un lugar en el que, aparte de la cebada y el trigo que se cultivaba en los campos, todo lo demás era gris y sombrío. Sus habitantes, que solo conocían el trabajar de sol a sol, habrían sido los figurantes perfectos para una de esas películas en blanco y negro que algún familiar decía haber visto en la capital.

Lo único destacable en sus vidas era el tren que atravesaba una de las vegas del pueblo. Al crecer, esos raíles de hierro comenzaron a ser el único resquicio del que disponían Margarita y Timoteo para soñar con una vida mejor. Aun así, seguir la senda de aquellas vías interminables era demasiado aburrido para su edad y se conformaban con cualquier cosa, sin importarles si eran juegos de chicas o de chicos.

Al llegar a la adolescencia se hicieron novios y pocos años más tarde se casaron. En esa época aún no se conocía lo de los viajes de novios, así que tras la boda continuaron haciendo su vida de siempre mientras por la noche, acurrucados en la cama, soñaban con todo lo que podrían proporcionales esos vagones que iban, venían, pero nunca paraban.

Pasaron los años, tuvieron hijos y siguieron siendo felices a su manera, manteniendo la ilusión que les ofrecía el ferrocarril. Su vida empezó a torcerse cuando llamaron a su hijo a filas. Una mañana, un camión del ejército lo recogió para llevarlo hasta la estación y de ahí fue al frente. Jamás volvió de una guerra en la que ellos nada tenían que ver. Al año siguiente fue su hija la que desapareció. Unos vecinos les contaron que la habían visto subir al tren en compañía de uno de los muchachos que paraban en el pueblo a pedir limosna. Nunca más supieron de ella.

Después de aquellas desgracias, el matrimonio decidió desterrar esos sueños viajeros que los habían mantenido vivos. El horizonte que representaban aquellas locomotoras, cada vez más veloces, nada tenía que ver con la gloria, en forma de avenidas, teatros y cafeterías, tantas veces soñada. Decidieron olvidar sus anhelos y dedicarse a cuidar uno del otro.

La semana pasada le diagnosticaron a Margarita un tumor maligno. En cuanto el médico insinuó que le quedaban pocos meses de vida, volvieron a soñar con la posibilidad de marcharse muy lejos. Anoche, al terminar la cena, salieron a dar su paseo diario y sin necesidad de pactos ni acuerdos se encaminaron en silencio hacia la vía. Al llegar a ella se dieron un beso en la mejilla y se tumbaron sobre los raíles. Y así, agarrados de la mano, esperaron a que ese tren, con el que siempre habían fantaseado, por fin los llevara de viaje al lugar en el que ni los sueños ni la gloria importan. 


#SueñosdeGloria

3 comentarios:

  1. Brutalmente bueno. Era el viaje definitivo, y qué mejor manera que durmiendo de la mano en las vías. Muy bueno

    Un abrazo

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    1. Muchas gracias. Hacía tiempo que no publicaba por el blog, pero si tienes FB o IG por allí sigo con el reto de un microrrelato al día. Saludos!!

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  2. un tanto dramático pero muy bueno. Enhorabuena

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