jueves, 21 de enero de 2016

El azar de los juegos


Siempre que mi Jose escucha hablar sobre perineo, próstata o punto G, repite que eso es de maricones. ¡A él que ni de pequeño pudieron ponerle un supositorio! Pero ahora me tiene hecha un lío: la semana pasada acertamos una de trece, salimos a celebrarlo, y regresamos achispados. En casa, comencé a besarle, a mordisquear su cuello, orejas, pezones… y viendo cómo se excitaba me animé a explorar más allá. Aunque su mirada me fulminó al hurgar en sitios hasta entonces prohibidos, no paré hasta que estalló de placer. Desde entonces no me habla, pero apuesta de forma compulsiva.