miércoles, 26 de noviembre de 2014

Final inesperado



Tras muchos días de insomnio, tabaco, café, borrones y hojas arrugadas, había terminado su primera novela; una historia dura en la que al final había decidido matar al protagonista. Sabía que eso podía disgustar a algunos lectores, pero estaba convencida de su decisión. Al mojar la pluma, para poner el punto final, las hojas escritas empezaron a tomar vida. Cuando dos manos enormes empezaron a sobresalir del papel se acurrucó en un rincón y empezó a chillar. Jamás olvidará cómo esos dedos, que antes acariciaban mimosos a todas las mujeres del libro, destruían en segundos el trabajo de años.

 

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Remordimientos


Los besos que nunca te di abrasan mi boca. Los abrazos que no te ofrecí cargan mis brazos como a un levantador de pesas. Las caricias que me ahorré estallan en mis manos. Los poemas que te escribí, y no te leí, abarrotan mi cerebro. Los “te quiero”, “para siempre”, “no me olvides”, “yo también”, se enquistan en mi garganta. Y sin embargo muero sin que nada de eso me importe ya. Hoy, mientras la vida se me escapa a la carrera entre máquinas, jeringas, goteos y médicos solo me atormenta el marcharme sin ni tan siquiera haberte conocido.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Para toda la vida


Justino era un hombre de palabra, de los que se visten por los pies. Por eso cuando supo que Salomé le engañaba, y que su infidelidad era conocida por todo el mundo, el “hasta que la muerte os separe” se convirtió en una losa demasiado pesada. Sabía que nunca volvería a ser feliz pero su palabra era lo primero. Tras darle muchas vueltas redactó un nuevo testamento en el que dispuso que cuando falleciera le enterraran lo más lejos posible de ella. Se aseguró así, sin faltar a sus principios, el vivir toda la muerte separado de su mujer.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Autodefinido



Entró en mi oficina y de improviso me soltó que era muy desgraciada. Me dijo que acababan de despedirla; que llevaba separada años, pero su marido seguía abonándole la pensión; que acababan de exigirle el abono, con intereses, de un recibo por retrasarse dos días en pagar; que yo le parecía honrado… Supuse que se había equivocado de despacho, pero la escuché, sin interrumpirla, esperando a que acabara para retomar mis asuntos. Minutos después suspiró aliviada, me estampó dos besos, un apretón de manos y emocionada me agradeció el haberla escuchado. Tras cerrarse la puerta, decidí acabar el autodefinido.