sábado, 17 de mayo de 2014

En soledad


Llegaba temprano al albergue, se duchaba con otros veinte tipos y desayunaba el mismo café aguado y las mismas galletas. Después tomaba el metro en hora punta, y viajaba apretujado hasta que bajaba en Sol. Entonces caminaba por Preciados y Arenal saludando a todos los que por allí pasaban. A continuación paseaba por Montera, Desengaño y Ballesta sólo para escuchar como le llamaban cariño, guapo y mi amor. A la hora de comer, si no conseguía colarse en alguna celebración familiar, regresaba al albergue. Al acabar el día marchaba a su casa, encendía la tele y rompía a llorar.