lunes, 25 de abril de 2011

A las puertas del cielo



Tras décadas de tiranía el dictador falleció. La muerte, fiel aliada en su aniquilación sistemática de adversarios, esta vez se volvió contra él.

Fue directo al cielo, tantas oraciones al fin sirvieron, pero en la entrada un pitido le impidió pasar. Depositó allí su pistola: “piiiiii”. Se quitó el reloj de oro y las demás joyas: “piiiiii”. Sacó las monedas, y hasta los billetes: “piiiiii”. Se despojó de todo lo metálico: “piiiiii”, después de todo lo demás, se desnudó e hizo un último intento: “piiiiii”. Entonces dio medio vuelta y se encaminó al infierno, nunca conseguiría arrancarse el corazón.

NOTA.- Este microrrelato ha quedado en 5ª posición en el Concurso de Microrrelatos organizado por El Microrrelatista


lunes, 18 de abril de 2011

¡Qué cara está la vida!

Aunque trató de ocultárselo por todos los medios, finalmente Juliana decidió contarle a Juan que su padre pasaría un año “a la sombra”.
-Cariño, papá estará un tiempo fuera, dicen que ha hecho cosas malas.
-¿Qué pasó mamá?
-Robó unas cajas de fruta, pero no debes preocuparte lo hizo porque no teníamos nada para comer.

Al día siguiente Juan vio la portada del periódico local: “El empresario Marcial Juncosa condenado a dos años de prisión por estafar miles de euros a distintos inversores” Tras leerlo se puso a comparar, echó cuentas y decidió que no volvería a comer fruta.


viernes, 15 de abril de 2011

Nunca es tarde


Cinco años trabajando juntos. Cinco años ocultando sus sentimientos, sin tener valor de sincerarse para que nada pudiera interferir en su trabajo. El día que Lorena dijo que se marchaba a París, porque había recibido una oferta irrechazable, a Luis se le vino el mundo encima.

Fue entonces cuando se atrevió a decir lo que durante tanto tiempo había callado. Tras escucharle Lorena se acercó a él. Dos bofetones, uno por carrillo, atronaron en el despacho.

Fue el último día que le vieron por allí. Hoy vive en Montmartre y disfruta de cada segundo como si fuera el último.


miércoles, 13 de abril de 2011

Tribulaciones de un mirlo (Colaboración con "Escríbeme una ilustración")


Se asoma de nuevo a la pajarera comprueba que nada ha cambiado y vuelve a posarse meditabundo.

Lleva días sin probar bocado. Los insectos y los frutos que antes tanto le deleitaban, ahora se han vuelto insípidos. Sus canciones suenan tristes y desafinadas, su árbol le parece un ridículo arbusto, e incluso su hogar, que antes le parecía un vergel, hoy lo ve como un simple vertedero.

Aunque para otros su situación sería señal de máxima fortuna, se siente el mirlo más desgraciado del mundo. Su orgullo de macho no acaba de digerir ese plumaje blanco de su retoño.


NOTA.- Este relato ha participado en el proyecto "Escríbeme una ilustración" de Clara Varela.


lunes, 11 de abril de 2011

Divino amor



Llevaba años buscando el amor pero seguía sin encontrarlo. Rondaba los cuarenta pero aún anhelaba, como una colegiala, experimentar esa sensación mágica que todos decían haber experimentado en alguna ocasión: amar y ser amada.

Fracasados los métodos tradicionales, las citas a ciegas, e incluso el amor cibernético, aquel 14 de febrero, desesperada, se encomendó a San Valentín. Si él también la fallaba ya no sabría a qué o a quién recurrir. Tras una íntima charla recuperó la ilusión. Ahora sí sabía cuáles eran los pasos a seguir. Para sorpresa de todos a la semana se recluyó en un convento.


viernes, 8 de abril de 2011

A 23 metros



-Ella sabrá lo que hace- murmura acongojado Julián mirando hacia arriba.

Le enerva que Laura disfrute viviendo al filo. Si algún día le sucediera algo no podría soportar el dolor. Y precisamente hoy... Acaba de darle un anillo, para estar siempre juntos, y lo único que ha hecho ella ha sido besarle y salir corriendo a dar su espectáculo en la barandilla del Viaducto.

De repente se disuelven todas sus preocupaciones. Un simple golpe de viento hace que se cumplan sus temores… y sus anhelos. Tras la ráfaga llega la caída, el aplastamiento y una vida eterna en común.

miércoles, 6 de abril de 2011

La sangre de las aceitunas


El infierno se había trasladado a la Colina del Suicidio. Bajo un ruido ensordecedor los brigadistas mantenían sus posiciones, esperando a la muerte lo más dignamente posible.

Charlie Donnelly, el irlandés, nunca imaginó acabar sus días junto al Jarama. Tenía 23 años y muchos poemas por escribir, pero prefirió luchar por sus ideas.

Tras un olivo, mientras mantenía a raya al enemigo dicen que exclamó: "Hasta las aceitunas están sangrando". Un tiro en el brazo, otro en el costado y el mortal en la cabeza silenciaron su fusil y su pluma para siempre.

Hoy, descansa sepultado en el olvido.